María Sol Navia V.
Columnista

Ojo con las instituciones

Despertemos, exijamos, vigilemos y participemos.

María Sol Navia V.
POR:
María Sol Navia V.
agosto 12 de 2020
2020-08-12 10:39 p.m.
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Es práctica del populismo lograr el descrédito de las instituciones para justificar las vías de hecho, y lo que estamos viviendo en estos momentos políticos y sociales, agravados por la pandemia que atraviesa el mundo, hace más difícil el ejercicio del gobierno y del poder en unas instituciones que están bastante desacreditadas en muchos países del mundo, incluida Colombia, en algunos casos con justificados motivos, y en otros no tanto, pero que aquellos interesados en el desprestigio de la institucionalidad y en crear el caos para sus oscuros egoístas intereses, utilizan como caja de resonancia para lograrlos.

Algunos ejemplos: El ejército nacional ha contado siempre con la más prestigiosa imagen dentro del espectro de organizaciones públicas y privadas, pero hay fallas, como ciertos desafueros e irregularidades en las fuerzas armadas, por las acciones de algunos que deben ser severamente sancionados, pero que no pueden significar el deshonor o el deslustre de toda una institución, que está para defender al país y sus ciudadanos, y quienes aprovechan esta circunstancia para debilitar su imagen buscan sus sombríos propósitos agazapados detrás de un discurso falso sobre derechos humanos y defensa de la niñez y la juventud, que no utilizan ante las atrocidades que todos los días nos cuentan los niños reclutados forzosamente por las Farc, abusados, maltratados, y fusilados por tratar de huir de su esclavitud. Es pues necesario depurar las fuerzas militares y aplicar la ley a los responsables de actos ilícitos, pero también moderar el lenguaje que generaliza los errores.

Similares situaciones se dan en la justicia, una justicia que cada día, da más pruebas de estar sesgada e ideologizada, puesta al servicio de esos mismos intereses y que no tuvo ningún reato en dejar libre a Santrich para que se volara, cuando había pruebas tangibles de su vinculación con el narcotráfico, tanto que días después, cuando le habían dado el tiempo para escapar, ordenó su imposible captura; y al mismo tiempo emite orden de detención en casos como el del gobernador Gaviria y el presidente Uribe, cuando las pruebas son deleznables.

Ese tipo de fallos y escándalos, como el cartel de la toga y similares, son los que desprestigian a la institución que debe garantizar la defensa ante los abusos y la aplicación estricta de la ley con amplias garantías. Pero sus mismos miembros son los que la están dañando.

En estos casos y otros como algunos del congreso y de funcionarios, el camino es trabajar para lograr la respetabilidad y transparencia en las organizaciones del estado y privadas, votar en las elecciones para excluir a corruptos y populistas, participar activamente, no solo con el voto sino con el trabajo en los cuerpos colegiados o en los gobiernos.

Intervenir en todos los espacios para hablar en defensa de la institucionalidad y exigir al Ejercito su ética, transparencia a congresistas y funcionarios e imparcialidad y legalidad a la justicia. Quizá esta es la institución que más necesitamos rescatar, pues es la que está tomando decisiones finales. Despertemos, exijamos, vigilemos y participemos.



María Sol Navia
Exministra de Trabajo

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