María Sol Navia V.
Columnista

Representación ministerial

La apertura política no contradice la lucha contra la corrupción en la que se ha empeñado el Presidente en la campaña y en el ejercicio de su cargo.

María Sol Navia V.
POR:
María Sol Navia V.
febrero 10 de 2020
2020-02-10 09:51 p.m.
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Se ha producido una minicrisis ministerial y el presidente Duque ha hecho algunos cambios en su gabinete. En los actuales nombramientos se ha señalado que ha habido una apertura política y han sido nombrados algunos ministros que tienen vinculación o representación de ciertos partidos.

Es oportuno aclarar la diferencia entre la mermelada y la representación política en las carteras ministeriales. La mermelada está constituida por los cupos indicativos, que no son otra cosa que los auxilios parlamentarios, cuya denominación se modificó en la constitución de 1991, junto con algunas reglamentaciones. Estos cupos en teoría tienen un sentido social, pues su objetivo es cubrir necesidades sociales de las regiones, pero se convirtieron poco a poco en una vena rota y en muchos casos fuente de corrupción al escoger libremente con que funcionarios trabajar y a que contratistas escoger, muchas veces a dedo, pagando así favores y auxilios recibidos en las campañas. Hemos visto hasta la saciedad, en múltiples investigaciones y casos hasta con penas de cárcel, los grandes abusos que se han cometido con estas partidas. Otro aspecto de la mermelada ha sido el pago de aprobaciones de leyes o resultados de debates de control político, con puestos y contratos de servicios y de otros tipos como obras púbicas a los escogidos por los congresistas y agentes políticos.

La representación política en los ministerios es algo normal en una democracia, ya que estos son cargos técnicos y políticos y por tanto el que un ministro lleve una representación de un partido político no constituye en sí misma ninguna mermelada, lo grave es cuando transforma la entidad que dirige en un fortín para todo tipo de nombramientos y acciones como las ya señaladas.

Las coaliciones políticas son una estrategia válida en las democracias, y en los regímenes parlamentarios pueden volverse indispensables para lograr el numero de parlamentarios necesarios que permitan el acceso a primer ministro al jefe del partido y constituir un gobierno, como acabamos de ver en España, donde después de cuatro elecciones ningún partido logró las mayorías para formar gobierno y finalmente una coalición de varios partidos hizo posible desbloquear la larga interinidad del gobierno.

De la misma manera puede que no se constituya una coalición gubernamental con todas sus características, pero sí acuerdos y alianzas que conduzcan a una mayor gobernabilidad y permitan, mediante discusiones más técnicas y con menos prevenciones y oposiciones exclusivamente políticas, evitar el rechazo a muchas iniciativas que conduzcan a leyes en beneficio del desarrollo y bienestar del país, más aún, si en su discusión se cuenta con valiosos aportes de los distintos congresistas que conozcan ciertos temas y piensen en el bien de las comunidades y no en el bloqueo y la apuesta al fracaso de un gobierno, exclusivamente por razones de oposición política.

Esta apertura no contradice la lucha contra la corrupción planteada por el presidente en su campaña y en la que se ha empeñado, a alto costo, durante el ejercicio de su cargo. Por el contrario, muestra su carácter firme ante la corrupción y su deseo de acertar ejerciendo un mandato convocante y atento a los requerimientos del país.

María Sol Navia V.
Exministra de Trabajo.
msol.navia@gmail.com

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