María Sol Navia V.
Columnista

Respeto al gobierno corporativo

EPM se ha distinguido por la estabilidad de sus funcionarios y técnicos, por haber logrado mantenerse alejada de la politiquería.

María Sol Navia V.
POR:
María Sol Navia V.
marzo 04 de 2021
2021-03-04 07:30 p. m.
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El gobierno corporativo no es una forma de organización empresarial fruto del capricho de dueños o dirigentes empresariales, ni es estar al día con las nuevas prácticas de administración.

Es un sistema estructurado de gestión y dirección que permite la gobernabilidad de las empresas y un mejor desempeño, al mismo tiempo que garantiza a los accionistas, sobre todo a los minoritarios, el respeto de sus intereses.

En el caso de Empresas Públicas de Medellín (EPM), realmente su dueño es el municipio, y por tanto la población de Medellín y es a quien se debe responder por su gestión y resultados, más aún cuando de ella no solo dependen los servicios públicos de toda la ciudad y otras regiones, sino las obras y servicios que presta el municipio como tal, dada la importante contribución económica que la empresa ha hecho tradicionalmente al presupuesto de este.

Lo ocurrido recientemente entre el alcalde de la capital antioqueña y el gerente de EPM comprueba el temor surgido el año pasado con la renuncia colectiva de una junta que tradicionalmente había sido muy respetada y que había demostrado un interés en el progreso y desarrollo de la tercera empresa más grande de nuestra economía y símbolo de Antioquia y de Colombia.

EPM se ha distinguido por la estabilidad de sus funcionarios y técnicos, por haber logrado mantenerse alejada de la politiquería, no ser un instrumento en manos de quienes quieren usarla para sus propios intereses y campañas, y por gozar de independencia de la alcaldía.

Pero los hechos recientes, juntamente con los del año anterior confirman que el gobierno corporativo está agrietado y que el alcalde ha hecho caso omiso de esta ruta de manejo. Desconozco las capacidades que tenía o no el gerente nombrado y al breve tiempo retirado, pero el comportamiento con respecto a la estabilidad y claridad en la administración demuestran la improvisación.

Las consecuencias para la ciudad y su empresa bandera pueden ser funestas y afectar su posición ante las calificadoras de riesgo, que ya han manifestado su preocupación, cuya calificación es clave para una empresa que necesita endeudamiento para sus grandes proyectos. Igualmente, su imagen ante el sector financiero también es delicada y desde luego su reputación y el compromiso y estabilidad de sus funcionarios, de quienes depende la buena marcha de todo ese engranaje.

Temas como la inestabilidad del gerente, o cambios en vicepresidencias, o desconocimiento de perfiles y procesos para seleccionar el personal con las altas calificaciones requeridas preocupan a la ciudadanía y al sector empresarial, que ha sido apoyo muy valioso de esta empresa.

Si algo es necesario revisar en el gobierno corporativo es la forma de nombramiento de la junta directiva, de forma que no dependa totalmente del alcalde, sino que represente a todos los sectores de la comunidad y tengan períodos fijos. La OCDE tiene pautas a este respecto que podrían ayudar.

María Sol Navia V.
Exministra de Trabajo.
msol.navia@gmail.com

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