Mario Hernández Zambrano
columnista

El regreso del poder japonés

El emperador Naruhito ha asegurado seguir el ejemplo de su padre (Akihito) durante su era ‘‘Bella Armonía’.

Mario Hernández Zambrano
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Mario Hernández Zambrano
mayo 07 de 2019
2019-05-07 09:51 p.m.
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A mediados de los años 40 del siglo pasado, en los que finalizaba la Segunda Guerra Mundial, nadie daba mayor cosa por el futuro de Japón, pues resultaba un claro perdedor frente a Occidente. La discusión solo llegaba a dudar si el emperador Hirohito resistiría al frente de la nación, o si la prisión o la muerte serían su destino. Cincuenta años después (años 90), las profesías eran otras y el monarca seguía ahí.

“Japón acabará por convertirse en un godzilla económico que dominará la tierra durante los próximos 50 años”, dijo con reparos el gran Alvin Toffer, en su obra El cambio de poder, como resultado de dejar atrás el pasado industrial. Con La tercera ola y el Shock del futuro, este profesor se convirtió en uno de los profetas más importantes del mundo.

Y es que Japón dio señales de ir por el camino de ser el gran poder, pues Occidente quedó sorprendido con la tecnología digital, las novedades de la televisión en HD, los casetes y las cámaras fotográficas que inundaron el mundo. Incluso las marcas de autos niponas pusieron en aprietos a las norteamericanas y alemanas. Pero, luego como por arte de magia, ese salto gigantesco de los años 80 dio paso a un repliegue que cedió la riqueza a China, que lo ha aprovechado muy bien para convertirse en la segunda economía más grande del mundo y con serias posibilidades de ser la primera en menos de dos décadas.

Hoy, se habla del evidente poder chino y no de Japón. La historia de este admirable país no cabe en unas líneas, pero es emocionante conocerlo de cerca, como lo es también estar en la extensa China. Y sin pretensión personal alguna, fue un privilegio estar el pasado primero de mayo en Japón, pues ese día el emperador Akihito (85 años) dejó el trono a su hijo, el príncipe heredero.

Naruhito ha asegurado seguir el ejemplo de su padre (Akihito) durante su era ‘Reiwa’ o ‘Bella Armonía’. Tras los días y meses de festejos, su ascenso al trono –al que estarán invitados representantes de todo el mundo– llegará en octubre. Su tarea no es solo gobernar, sino inspirar a su pueblo con un gran desafío: el liderazgo de Japón en el siglo XXI.

El país necesita renovarse y relanzarse, y todos creen que su primera prueba serán los Juegos Olímpicos del 2020, que sorprenderán al mundo con robots, sistemas de control inteligente, además de nueva arquitectura y avances biológicos. Los japoneses creen que volverán a conquistar comercialmente al planeta. Lo tienen fijado como una obsesión, y por su capacidad y trabajo no hay que dejar de aceptarlo. Sus preocupaciones y retos no están en Estados Unidos y Occidente, sino en el desarrollo de la capacidad para enfrentar a China, y el gigante asiático lo sabe y su propósito va más allá que ser más importante que Japón.

Esto garantiza un apasionante e indescriptible futuro, del cual nuestros países no serán invitados especiales. Naruhito es el líder natural de la nueva etapa en la historia de Japón, para lo que espera “cumplir mis funciones como símbolo del Estado y la unidad del pueblo, y siempre estar del lado de la gente”. ¿Logrará el objetivo?

Mario Hernández Zambrano
Empresario exportador
mariohernandez@mariohernandez.com

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