Mario Hernández Zambrano

Alcaldes para lo micro y concreto

Muy acertadamente, Einstein decía que la imaginación está por encima del conocimiento, ya que este último es limitado, pero la imaginación no.

Mario Hernández Zambrano
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Mario Hernández Zambrano
agosto 11 de 2019
2019-08-11 04:37 p.m.
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Hace unas semanas, le escuché decir al presidente Iván Duque algo muy importante acerca de los nuevos alcaldes y gobernadores que deberán responder por los destinos locales a partir de enero próximo y hasta finales del año 2023. Aseguró que iba a garantizar que quienes ganaran las elecciones no hacer “borrón y cuenta nueva”, pues el gobierno alista normas en tal sentido para impedirlo. Sin duda que municipios y departamentos del país quedarían muy reconocidos con el primer mandatario en este sentido. Y conociendo el estilo y buenas intenciones de Duque seguro que lo cumplirá, respetando la autonomía y la voluntad locales.

Desafortunadamente, en el país hay un prurito perverso de quienes ganan las elecciones: creer que son los redentores y que todo lo hecho antes está mal y hay que abandonarlo o pararlo. Y por eso hay muchos elefantes blancos y despilfarro de recursos por todo el país. Y a decir verdad, los organismos de control poco o nada hacen para evitar que ello ocurra.

Y el asunto no se reduce a poblaciones y capitales intermedias, sino también a las grandes ciudades, con algunas excepciones como el caso de Medellín y en mejor proporción Bucaramanga.

Decirle a la gente por quién debe votar es equivocado, pero no hay que errar en el concepto de en qué se debe confiar, y en primer renglón está quienes garanticen la continuidad de las obras y cosas buenas y en segundo término quienes muestran conocimiento de los problemas concretos que preocupan a la gente, mucho mas allá que el simple deseo de tener más “seguridad, movilidad, empleo, bienestar o recreación”, pues los asuntos macro deben dejarse al gobierno nacional, y los alcaldes y gobernadores deben bajar a lo micro y concreto.

El caso de Bogotá es aleccionador. La ciudad ha sido sometida desde hace mucho tiempo a los caprichos de los mandatarios de turno y la competitividad solo ha sido sostenida por el esfuerzo del sector empresarial. La administración de Enrique Peñalosa logró cambiar la tendencia de parálisis de las tres últimas gestiones de izquierda y sería muy triste que se retrocediera en ese esfuerzo y volviera la política como patrón de comportamiento.

La idea del Presidente Duque de garantizar la continuidad de los principales proyectos es válida para todo el país, pero en particular para Bogotá, que representa la cuarta parte de la riqueza nacional y es referente para el resto de las regiones.

En ese sentido es indispensable que los habitantes de la ciudad tomen consciencia de la responsabilidad que tienen en particular en la escogencia del alcalde, sin duda el segundo cargo más importante de Colombia.

La pasión y sentimiento de revancha no pareen ser los mejores consejeros, sino que deben prevalecer la racionalidad y, por supuesto, buen juicio.

PD. La celebración de los 200 años este 7 de agosto, con motivo de la Batalla de Boyacá, hace sentir orgullo de patria. Y solo basta decirle a quienes creen que esa batalla no fue determinante, que luego de lo que pasó en Boyacá, siguió Carabobo en Venezuela (1821), Pichincha en Ecuador (1822) y Ayacucho en Perú (1824).

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