Mario Hernández Zambrano

Modelo para ajustar, no destruir

Los partidos políticos deben salir de la zona de confort y la academia recuperar su papel en el que hacía propuestas y vigilaba al resto.

Mario Hernández Zambrano
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Mario Hernández Zambrano
diciembre 15 de 2019
2019-12-15 07:10 p.m.
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Para demostrar que un país avanza hay más indicadores que el mero PIB, sin desconocer la importancia de este que mide la riqueza, pero que no se detiene en consideraciones distintas. Por ejemplo, uno es el Índice de Desarrollo Humano que elabora el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y que acaba de ser publicado, siendo escogido nuestro país para divulgarlo por considerar que “Colombia es un caso de éxito en términos de desarrollo humano, si vemos su avance en los últimos 15 años”.

Este índice mide la media en tres temas básicos del bienestar de la gente: una vida larga y saludable, el conocimiento y un nivel de vida decente. De acuerdo con el indicador, Colombia ha mejorado notablemente desde 2017, pues pasó del puesto 95 al 79. Hoy, el país está en el nivel alto de desarrollo humano con 0,761, siendo 1 el máximo posible. Es el mejor resultado en 28 años. En 1990 Colombia tuvo un 0,600, así que en estos años tuvo un incremento de 26,9% y en el último lustro aumentó en 15 puntos.

Explicado es así: “La expectativa de vida se incrementó 7,4 años y los años de escolaridad aumentaron 2,9. Por su parte, el promedio de escolaridad en estos 28 años aumentó 5,5 años y el ingreso per cápita aumentó 74,5%, pasando de 7.392 a 12.896 PPP$”, según el informe oficial. Ahora, la expectativa de vida al nacer es de 77,1 años; la expectativa de años de escolaridad es de 14,6 y el promedio de escolaridad es de 8,3 años. Noruega, que ocupa el primer puesto, tiene una expectativa de vida de 82,3 años y un promedio de escolaridad de 12,6 años. Después de Noruega están Suiza, Irlanda y Alemania. China ha avanzado mucho.

Alcanzar los niveles expuestos no es un asunto fácil, ni se consigue de la noche a la mañana, sino por un proceso de un modelo que, como dice el ex ministro Rodrigo Botero Montoya, “no es el resultado súbito de un Big Bang ni de un evento revolucionario. Se ha ido conformando gradualmente durante décadas, sin estridencia ni dogmatismo ideológico, a través de un proceso de ensayo y error”.

Puede que se comparta o no el innegable progreso que ha tenido Colombia sabiendo que se ha vivido una situación irracional de violencia de más de 50 años y que el Estado haya tenido que dedicar buena parte de sus recursos a financiar el problema, pero lo que sí no se puede afirmar a la ligera que las transformaciones estructurales se hacen rápidamente, no valen dinero o que se debe dar un vuelco total ahora o nunca. Esa visión es un salto al vacío.

En esto no hay que equivocarse o pretender que no hay una secuencia lógica y planeada para mejorar o ajustar ese modelo. Y el presidente Duque lo sabe de sobra, al reconocer que por ejemplo hay 220 municipios donde la calidad del agua no tiene las condiciones para prevenir las enfermedades transmisibles y las brechas educativas son considerables, pues en las ciudades el promedio de educación son 9,6 años, mientras en el campo 5,3 años.

Creo que el trabajo es de todos, comenzando por el Estado que es más que el Ejecutivo, el sector privado no puede hacerse el de la “vista gorda”, los partidos políticos deben salir de la zona de confort y la academia recuperar su papel en el que hacía propuestas y vigilaba al resto. Y no es con anarquía o chantajes que se alcanzan las reivindicaciones sociales, que pueden ser muy justas o aspiracionales.

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