Mario Hernández Zambrano
Columnista

Miguel Uribe Turbay debe ser el alcalde

Lo que está en juego en Bogotá es muy importante no solo para el progreso local, sino por lo que representa la ciudad para todo el país. 

Mario Hernández Zambrano
POR:
Mario Hernández Zambrano
septiembre 22 de 2019
2019-09-22 08:12 p.m.
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Luego de 12 años en los que la izquierda tuvo la alcaldía de Bogotá, con resultados mediocres, se inició un proceso de recuperación que retomara la ruta del progreso, que hasta ahora comienza a mostrar resultados concretos y que, sin duda, hay que defender para continuar la obra del alcalde Enrique Peñalosa, quien se va en 100 días.

No ha sido fácil ese proceso de enderezar el camino. Durante más una década se enquistó en la administración de la ciudad una burocracia, cuyo objetivo no era propiamente el progreso y el bienestar, así en el discurso apareciera como una prioridad. La realidad es que a la izquierda poco o nada interesa que las cosas mejoren y que la gente esté contenta, sino que busca profundizar las llamadas “contradicciones del sistema”, porque de esa forma se presenta siempre como la opción de poder. Es irónico que solo si se perpetúa la pobreza y el desorden, la izquierda sigue teniendo vigencia. Es una combinación entre demagogia y populismo.

En realidad, una evaluación simple de los gobiernos de Garzón, Moreno y Petro no resiste mucho y en el neto el gran perdedor fue la ciudad con los ejemplos de desidia en el manejo de los asuntos, parálisis en los proyectos, corrupción extrema y polarización y aislamiento como forma de gobierno.

Sería necio desconocer que Peñalosa ha fallado en algunos asuntos y ha gastado energías en debates que no valía la pena adelantar y que su estilo de gobierno genera una reacción negativa en algunos sectores, que merece la recriminación ciudadana, pero no se le puede atribuir ninguno de los cinco calificativos aludidos. Sería injusto con Bogotá que por venganza con el estilo de gobierno de Peñalosa se decidiera entregar los destinos de la ciudad a alguien que no ha dado señales de eficiencia en el manejo de los asuntos públicos, pero sería miope y grave que el primer mandatario de la ciudad no manejara una relación muy estrecha con el gobierno nacional para adelantar proyectos de primer orden como el metro, la seguridad, la sostenibilidad ambiental y el emprendimiento. Ni López ni Galán quieren hacer llave con el gobierno nacional.

No hay duda alguna de que quien garantiza la continuidad de la recuperación de Bogotá y su proyección hacia el futuro es Miguel Uribe Turbay, quien acompañó a Peñalosa y fue responsable de proyectos de primera orden, conoce la ciudad, tiene la energía que requiere una trabajo muy duro, hará una llave con el gobierno de Duque y es garantía que su administración estará blindada contra los pillos y malos manejos.

No hay que desconocer las cualidades de los otros contrincantes, pero hay que ser contundentes. Claudia representa un modelo que se asimila al de Petro en el manejo de las relaciones con distintos sectores como el empresariado y el gobierno nacional, dañino a más no poder. Y en el caso de Galán, su principal activo no puede ser el de reclamar la deuda, humanamente válida, de la muerte de su padre, ese gran hombre que fue Luis Carlos Galán.

Lo que está en juego en Bogotá es importante no solo para el progreso local, sino por lo que representa la ciudad para todo el país y hacia el exterior. Y en esto no hay espacio para la equivocación o acciones de retaliación contra un estilo personal que la historia juzgará y que nada tiene que ver con la Bogotá que se quiere y se necesita.

Mario Hernández
Empresario exportador

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