Mario Hernández Zambrano
Columnista

Totalmente cierto: cuidado con el 2022

La incapacidad de nuestro Legislativo para estar solo al tono de la pandemia es una demostración palpable de su mediocridad. 

Mario Hernández Zambrano
POR:
Mario Hernández Zambrano
octubre 19 de 2020
2020-10-19 07:00 p. m.
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Hoy como nunca, el desprestigio de la política y por ende de quienes la representan, alcanza niveles sin precedentes. Y no es un asunto meramente nacional, con lo que se podría repetir aquel refrán popular de “mal de muchos, consuelo de tontos”.

El deprimente espectáculo de la campaña presidencial en Estados Unidos, el caótico proceso de la salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit), la crisis de gobierno en España por el manejo de socialistas, extrema y centro, Italia y Francia no se quedan atrás y la dictadura de Rusia, resumen muy bien lo que está pasando en los países adelantados. Y por aquí, ni hablar: México, Brasil, Argentina, Perú, Ecuador y Bolivia son una lección de tropicalismo político. Y Venezuela y Nicaragua son casos aparte de degenerción política.

Y en Colombia, aunque con características diferentes, el espectáculo de quienes están al frente de la política es también para llorar, y los partidos pasan por una crisis que no se gestó ahora, pero que por la pandemia descubrió la mediocridad y bajo instinto de muchos de sus dirigentes, en una combinación de egoísmo, torpeza, ineptitud, incapacidad, soberbia, cinismo e irresponsabilidad.

Por años, se dijo que Colombia necesitaba una renovación de la política pues el gamonalismo se había apoderado de la actividad. Se ha comprobado que no es así, pues una revisión ligera de quienes llegan al parlamento cada cuatro años o a los concejos prueba en un porcentaje alto son personas nuevas, pero tristemente con las mismas o peores mañas que sus antecesores.

Tampoco ha sido un problema de edad: que los viejos eran sinónimo de corruptos y los jóvenes de transparencia. Ni lo uno ni lo otro.

La incapacidad de nuestro Legislativo para estar solo al tono de la pandemia es una demostración palpable de su mediocridad. Ni siquiera fueron capaces de hacer el mínimo ejercicio de teletrabrajo para adelantar las sesiones, aunque no hay que descartar que fue lo mejor que pudieron hacer durante ese tiempo: cobrar el sueldo sin hacer nada. La gente se dio cuenta que si se clausura no pasa nada por lo que resulta increíble que ahora quieran aumentar el número de sus miembros. Cinismo puro.

En lo que sí parecen expertos nuestros políticos es en culpar al Ejecutivo de todos los males, arrancando por el Covid 19, cuando la realidad es que el balance del manejo dado por el gobierno de Duque es notablemente favorable, pero desafortunadamente el joven presidente está pagando una deuda política: no haber salido de las entrañas del monstruo político, de haber escogido un gabinete sin hacer desayunos en el palacio para cuadrar la trinca burocrática acostumbrada y no asignar las partidas presupuestales en función de esa manguala.

Para el presidente Duque resultaría muy fácil y cómodo llamar a los negociantes de la politiquería para ganar una falsa “gobernabilidad”. Si lo hiciera, viviría más tranquilo lo que le resta de gobierno, pero sería una clara traición de sus principios.

Mientras nuestra clase política vive en la peor de las corrupciones, la de las ideas, el populismo y demagogia de izquierda siguen su camino de salvapatrias y vendedores de ilusiones imposibles de cumplir. Y aunque en el corto plazo puede darle réditos, solo nos llevaría al abismo. Por eso, estoy de acuerdo con la frase de Uribe Vélez: ¡ojo con el 2022!

Mario Hernández
Empresario exportador

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