Mario Hernández Zambrano
columnista

Una discusión fuera de tiempo

Sin duda, se debe apoyar a la industria confecciones, pero el camino no es afectando al consumidor, sino a través del esfuerzo empresarial. 

Mario Hernández Zambrano
POR:
Mario Hernández Zambrano
abril 23 de 2019
2019-04-23 09:26 p.m.
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Un artículo Joseph Stiglitz, publicado en varios medios, hace una interesante reflexión: “Desde los tiempos de Smith, está comprobado que la riqueza de una nación depende de la creatividad y productividad de su gente, que solo es posible promover adoptando el espíritu de la indagación científica y la innovación tecnológica”. 

La afirmación de Stiglitz viene como ‘anillo al dedo’ por un mensaje que alguien me envió: “compré 11 cosas de China (5 blusas, dos vestidos de baño, dos vestidos y dos kimonos), todo me costó 330.000 pesos y pagué por envío rápido 25 dólares más. Los tiempos son de 45 días, pero el envío rápido es para que llegue antes de los 30 días. Todo salió por 472.000 pesos. Tuve que ir a reclamarlo al aeropuerto y no pagué nada por la nacionalización”.

Durante muchos años, la discusión en Colombia ha sido intensa sobre el tema de los textiles y las confecciones producidas internamente, frente a la competencia importada desde China y otras partes, y solo se ha reducido a pedir cargas arancelarias dizque para proteger a la industria local, alegando que de esa manera se cuidan a muchas familias empleadas en esas industrias. Desafortunadamente, nunca ha pasado de ahí la discusión y menos se ha hablado de ‘creatividad y productividad’ como salidas al problema. Incluso, hemos hecho el ‘oso’, pues la OMC nos ha regañado por tomar medidas que van en contra del libre comercio, como limitar la entrada de los productos por un solo puerto.

No hay que decirse mentiras. Todos los actores en la discusión, incluyendo al gobierno de turno, saben que más se demora en subir los aranceles que abrirse las puertas al contrabando de las prendas. Quienes comercian ilegalmente viven felices cuando los que están en la legalidad promueven de esa manera el encarecimiento del producto, ya que sencillamente se pueden quedar con todo el mercado de lo importado, sin mover un dedo.

Puede que hoy Trump crea que subiendo aranceles recuperará a Estados Unidos como ‘el número uno’, pero ya hay consenso en que esa maniobra tendrá su impacto dañino en el crecimiento económico desde el 2020, más de un punto frente al 2,9 por ciento del 2018. Sencillo: los consumidores gringos saben cómo hacer pedidos por la red. Es la globalización que usa la tecnología y la creatividad, que funciona en la hotelería, los servicios financieros, el transporte urbano y la información, entre otros.

Los empresarios colombianos de las confecciones deben entender que no es castigando a los ya atribulados consumidores que lograrán salir adelante frente a la competencia de Oriente, sino buscando aumentar la productividad, la innovación y la creatividad e informarse mejor sobre China, que dejó atrás el modelo de maquila que pregonamos para progresar y, como otros países, ha tenido una transformación productiva de grandes proporciones, que aquí hemos ignorado.

Sin duda, se debe apoyar a la industria nacional de confecciones, pero el camino no es por la vía de golpear al consumidor, sino a través de la modernización y el esfuerzo empresarial, que incluye variables básicas en la moda y el diseño que motiven a los compradores. Es con un producto distinto y de calidad.

P.D. El tema tampoco es la ‘leguleyada’ de discutir si eso viola o no la Constitución, pues para otras cosas sí lo hacemos y por la misma vía, el Plan de Desarrollo. Es un asunto de economía y principios.

Mario Hernández Zambrano
Empresario exportador
mariohernandez@mariohernandez.com

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