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Martha Elena Delgado Rojas
Columnista

Hablemos de eco-nomía

Estos recorridos nos conectan con el aire, la tierra y la vida, y nos reafirman las razones para trabajar en nuestro compromiso con el planeta.

Martha Elena Delgado Rojas
Directora de Análisis Macroeconómica y Sectorial - Fedesarrollo
POR:
Martha Elena Delgado Rojas
febrero 02 de 2022
2022-02-02 10:25 p. m.
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La macroeconomía se caracteriza por estudiar variables agregadas, criticadas muchas veces por omitir la especificidad de la experiencia de los individuos. La forma que los economistas hemos encontrado para hallar un mayor contacto con estas particularidades ha llevado al desarrollo de nuevos marcos teóricos en donde la recolección de datos cualitativos es fundamental.

Al hablar de cambio climático pareciera ocurrir lo mismo. Colombia se comprometió a reducir las emisiones de gases efecto invernadero en un 50% para 2030. No obstante, las emisiones crecieron a una tasa del 4,6% los últimos cinco años, y en 2020 cerca del 58,5% de las emisiones de CO2 provinieron del sector AFOLU (agricultura, forestal y cambio de uso del suelo). Dentro de este sector, las mayores emisiones provienen de la deforestación de bosque natural que se convierte en tierras forestales y pastizales, y el ganado por la fermentación entérica. Al hablar de deforestación usualmente imaginamos grandes extensiones de tierra despojadas de todo lo que fue un riquísimo ecosistema, pero los árboles individualmente también cuentan historias que muchas veces olvidamos, perdidos en el agregado de su tragedia. Los que estamos en los grandes centros urbanos también podemos acercarnos a estos análisis. Recientemente me he interesado por las historias que cuentan los árboles de Bogotá. A propósito, he seguido una publicación realizada por el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural de Bogotá en 2010 llamada Árboles ciudadanos en la memoria y en el paisaje cultural de Bogotá, que una década después sigue vigente.

Este libro permite reflexionar sobre el problema del cambio climático y la deforestación no solamente desde la visión tradicional que nos indica que comprometernos con el cuidado ambiental significará mantener beneficios económicos. Mantendremos buenos ritmos de producción porque evitaremos la desaparición de importantes activos ambientales que nos permiten vivir. Pero debemos entender también la presencia de otras formas de vida en nuestra cotidianidad que son necesarias, estéticamente bellas y que son culturalmente parte de nosotros. La preservación, conservación, protección y continuidad de la naturaleza depende intrínsecamente de su conjunción con nuestra cultura. El paisaje arbóreo de Bogotá, de Colombia y del mundo habla directamente de la relación que tienen los humanos con su entorno.

Este libro permite encontrarse con borracheros, siete cueros, lombriceros y numerosos tipos de árboles y su papel en la construcción de nuestro tejido social actual. Desde el famoso nogal de la calle 77 con carrera 9, los urapanes del Parkway y los cauchos del Tequendama, el libro propone 33 rutas en 11 sectores de la ciudad como una guía precisa de los árboles de la ciudad y su papel en la construcción de identidad. Estos recorridos nos conectan con el aire, la tierra y la vida, y nos reafirman las razones para trabajar en nuestro compromiso con el planeta. El texto está disponible en la web.

MARTHA ELENA DELGADO
Directora DAMS de Fedesarrollo

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