Mauricio Cabrera Galvis
columnista

Agro Ingreso Seguro en EE.UU.

Lo que nos debe preocupar a nosotros es el impacto de esos enormes subsidios sobre los agricultores colombianos.

Mauricio Cabrera Galvis
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
agosto 04 de 2019
2019-08-04 05:00 p.m.
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Es bien conocido que los subsidios a la agricultura en Estados Unidos son uno de los elementos que más distorsionan el comercio mundial, demoliendo los mitos de la libre competencia y las ventajas comparativas. Lo que no es tan conocido es que la repartición de esos subsidios tiene defectos similares a los que tuvo el programa AIS en Colombia: concentración en unos pocos privilegiados, asignación a multimillonarios que no los necesitan y maniobras fraudulentas de fragmentación para superar los límites establecidos.

La magnitud de los subsidios agrícolas en Norteamérica es impresionante. En los últimos 20 años fueron US$ 391.000 millones –un monto superior al PIB anual de Colombia-, es decir casi US$ 20.000 millones por año, de los cuales el 77% se concentró en solo el 10% más rico de los beneficiarios.

Como si esto no fuera suficiente, para compensar a los agricultores del impacto de su guerra comercial con China, Trump creó otro multimillonario programa de subsidios, (Trade Aid package), al que destinó US$ 12.000 millones en el año fiscal 2018 y acaba de aprobar otros US$ 16.000 millones para este año.

En 2018 el programa tuvo tres componentes: el primero, pagos directos por cerca de US$ 10.000 millones a productores de soya, maíz, algodón, sorgo, trigo, cerdos y leche; el segundo de compras directas de excedentes de 29 productos alimenticios por valor de US$ 1.200 millones, y el tercero US$ 200 millones destinados a la promoción de exportaciones agrícolas.

Aunque allá no hay Revista Cambio que denuncie la corrupción en la distribución de esos subsidios, sí hay ONGs que investigan cómo fueron distribuidos. Una de ellas, (Enviromental Working Group ) analizó los datos oficiales sobre el programa y encontró que allá también la mayor parte de las ayudas las reciben los más ricos.

Aunque el tope legal del subsidio era US$ 125.000, algunos recibieron más de US$ 2 millones y el 1% de los beneficiarios recibió en promedio US$ 185.000, mientras que el 80% recibió solo US$ 5.000. Peor aún, 852 de esos beneficiarios viven en Manhattan y otros 19.000 en grandes ciudades y no tienen relación alguna con el campo.

Según la revista Forbes, desde 2008 los 10 mayores beneficiarios de subsidios recibieron en promedio US$ 1,8 millones por año, que equivalen a 30 veces el ingreso anual promedio de una familia estadounidense, y que en ese período 6.618 afortunados se embolsillaron US$ 11.000 millones. 40 personas de la lista Forbes de los 400 más ricos han recibido subsidios.

Cómo se repartan los gringos su plata es problema de ellos. Lo que nos debe preocupar a nosotros es el impacto de esos enormes subsidios sobre los agricultores colombianos.
Todo el presupuesto de inversión de nuestro Ministerio de Agricultura para el 2020 es de solo US$ 380 millones, mientras que los productores gringos de soya recibieron US$ 6.158 millones y los de maíz US$ 2.667 millones, que les permiten vender su producción a precios casi por debajo del costo. Es David contra Goliat, solo que este David ni siquiera tiene cauchera.

La baja subsidiada al precio del aceite de soya ha tumbado el precio del aceite de palma; la del etanol derivado del maíz les permite venderlo a un precio muy inferior al etanol de caña de azúcar. Y no se ven las políticas oficiales para defender a los productores colombianos de esa competencia desleal.

Mauricio Cabrera Galvis
Consultor privado
macabrera99@hotmail.com

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