Mauricio Cabrera Galvis
columnista

De la marihuana al cannabis

Lo lamentable para Colombia es que, por seguir empeñados en la prohibición, nos está dejando el tren del nuevo negocio.

Mauricio Cabrera Galvis
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Mauricio Cabrera Galvis
febrero 18 de 2019
2019-02-18 08:14 p.m.
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¡Cómo cambian las políticas y las leyes! Antes, la marihuana era prohibida y perseguida, ahora, el cannabis es un cultivo legal, uno de los más grandes en Norteamérica. Antes, los cultivadores y comercializadores de la marihuana eran criminales que debían ser extraditados, hoy, los productores de cannabis son respetados empresarios que cotizan sus acciones en la Bolsa de Nueva York.

Pero algunas cosas no cambian. Antes, los colombianos poníamos los muertos en la guerra contra las drogas, mientras que los gringos se la fumaban y se quedaban con la mayor parte de las ganancias del narcotráfico. Ahora, nosotros seguimos poniendo los muertos y prohibiendo la dosis mínima, mientras que los gringos se la siguen fumando y monopolizando las utilidades del negocio legalizado.

La marihuana cambió de estatus y el cultivo y la comercialización de cannabis es uno de los negocios más florecientes. Revistas especializadas en ese mercado estiman que las ventas legales del cáñamo crecerán de 12.200 a 16.900 millones de dólares entre el 2018 y el presente año. Analistas de Wall Street (https://bit.ly/2GMedgV) proyectan que en una década las ventas llegaran a 75.000 millones de dólares.

Para entender las dimensiones de este negocio, cabe decir que hoy es un monto igual a nuestras exportaciones de petróleo y mayor que todas las exportaciones no tradicionales de Colombia, que solo fueron de 14.788 millones de dólares el año pasado. El cannabis es una alternativa mejor que el aguacate para sustituir al petróleo.

El multimillonario negocio no es producto de un descubrimiento científico o una nueva tecnología, ni de la innovación de unos emprendedores del Silicon Valley, solo de un simple cambio legislativo. La marihuana está en la lista de sustancias prohibidas desde mediados del siglo pasado y fue uno de los primeros objetivos de la guerra contra las drogas declarada por Nixon después de la derrota en Vietnam.

Pero esta guerra también se perdió. Países como Canadá y Uruguay legalizaron el consumo de la marihuana, tanto medicinal como recreativo. Lo mismo han hecho 10 estados de Estados Unidos, y otros 20 permiten el consumo medicinal. En junio pasado, el Gobierno norteamericano autorizó el uso de un derivado de la marihuana (el cannabidiol o CBD) como droga para tratar la epilepsia, y la Organización Mundial de la Salud acaba de recomendar que el CBD sea retirado de la lista de drogas peligrosas.

Los inversionistas están felices. Existen 25 grandes compañías canadienses dedicadas al cultivo y distribución de productos de marihuana como materia prima, cotizadas en la Bolsa de Nueva York. El incremento del precio de sus acciones ha sido enorme, algunas más del 600 por ciento, y su valor de mercado conjunto ya se acerca a los 40.000 millones de dólares. Hasta las grandes tabacaleras y los bancos están invirtiendo en ellas.

Lo lamentable para Colombia es que, por seguir empeñados en la prohibición, nos está dejando el tren del nuevo negocio. Hoy, la mayoría del cannabis del mercado legal se produce en California y Canadá, y en Alaska hay invernaderos para cultivar esta planta tropical. Aquí, los bancos no reciben como clientes a las empresas productoras por temor a ser acusados de lavado de dinero, mientras que en EE. UU. ya hay más de 500 bancos que les ofrecen servicios financieros. ¿Será que pasará lo mismo con la cocaína cuando acá acabemos con los sembrados de coca y la puedan producir allá?

Mauricio Cabrera Galvis
Consultor privado
macabrera99@hotmail.com

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