Mauricio Cabrera Galvis
Columnista

El baile de los que sobran

Las políticas para la equidad no pueden limitarse a mejorar los ingresos y el acceso a los servicios de los pobres.

Mauricio Cabrera Galvis
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
octubre 27 de 2019
2019-10-27 08:20 p.m.
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¿Qué pasó con el milagro chileno? ¿Por qué en el país más prospero de América Latina –el modelo a seguir– millones de personas salen a las calles a exigir cambios radicales en el modelo económico? ¿Por qué un pueblo que derrotó a la dictadura y ha vivido 30 años en democracia estalla en multitudinarias protestas contra el gobierno que ellos mismos eligieron?

Son preguntas demasiado complejas para pretender responderlas en una breve columna, pero se pueden aportar algunos elementos para esclarecerlas. El primero es que lo más significativo del estallido social en Chile no son los incendios a las estaciones del Metro de Santiago, ni los actos vandálicos de una minoría.

Esos son los más vistos en la televisión y las redes y son totalmente repudiables, como también lo es la violencia de la represión militar que ya ha asesinado a 18 personas, pero no representan el sentir de la inmensa mayoría de los manifestantes.

El segundo aspecto notable es que esta vez no se trata de una revolución proletaria de quienes no tienen nada que perder, salvo sus cadenas, y suenan ridículas tanto las acusaciones de quienes ven las protestas como el resultado de una conspiración de infiltrados castrochavistas, como las pretensiones de Maduro de que el ejemplo de Venezuela está incendiando el continente.

No se trata tampoco de una invasión de alienígenas, calificativo lamentable que le dio la esposa del presidente chileno, sorprendida porque un aumento de $30 en el pasaje del metro hubiera generado una protesta de esas dimensiones. Es el estallido de una clase media empobrecida y vulnerable que no protesta por $30, sino por 30 años de promesas incumplidas y expectativas frustradas a pesar de los avances en crecimiento económico y disminución de la pobreza.

Vulnerabilidad y desigualdad son dos conceptos claves para entender que pasó con el milagro chileno. Es cierto que Chile es el país de crecimiento más estable y con menores tasas de pobreza en la región, pero las millones de personas de esa nueva clase media saben que están muy cerca del límite, y que cualquier accidente que reduzca sus ingresos o cualquier aumento de precios los puede egresar a no tener suficiente para cubrir sus necesidades.

Son vulnerables y las políticas neoliberales de privatización de casi todos los servicios básicos no han permitido crear una red de protección social suficiente en materia de pensiones, salud o educación.

También saben esas personas que con el aumento del tamaño de la torta ellos han podido mejorar un poco su situación, pero que la tajada más grande se la han llevado unos pocos. En Chile, la pobreza ha disminuido pero la riqueza se ha concentrado aún más y la desigualdad ha aumentado. Por eso, las políticas para la equidad no pueden limitarse a mejorar los ingresos y el acceso a los servicios de los pobres, sino que deben disminuir la concentración de los ingresos y la riqueza.

Hace más de 30 años la canción ‘El baile de los que sobran’ presagió esta situación: “Nos dijeron cuando chicos jueguen a estudiar… y no fue tan verdad, porque esos juegos al final terminaron para otros con laureles y futuro, y dejaron a mis amigos pateando piedras”. Por eso, esta canción vuelve a sonar en las calles chilenas reviviendo las esperanzas de que el pueblo unido jamás será vencido.

Mauricio Cabrera
Consultor privado
macabrera99@hotmail.com

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