Mauricio Cabrera Galvis
columnista

El biodiésel y la calidad del aire

Cualquier medida para mejorar la calidad del aire tiene costos, pero los beneficios en la salud de la población y en dinero son mucho mayores. 

Mauricio Cabrera Galvis
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
marzo 31 de 2019
2019-03-31 07:59 p.m.
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La contaminación del aire que respiramos tiene efectos muy negativos para la salud.

Según estudios del DNP, por esta causa se producen unas 8.000 muertes al año, además de millones de enfermedades y síntomas respiratorios, que tienen un costo estimado de 4.000 millones de dólares, equivalente al 1,5 por ciento del PIB. El mismo documento muestra que en las grandes ciudades, la principal fuente de contaminación es la emisión de material particulado (PM), que en 80 por ciento proviene de fuentes móviles.

La mejora en la calidad del diésel que suministra Ecopetrol es una contribución importante a mejorar la calidad del aire que respiramos, pero no es suficiente. Se ha reducido de manera significativa el contenido de azufre en el diésel, a niveles que cumplen las exigentes normas europeas, pero los combustibles fósiles emiten otros materiales contaminantes que también son perjudiciales para la salud.

Además del dióxido de azufre (SO2), que ya se ha reducido, la combustión del diésel en los motores de los vehículos genera residuos de hidrocarburos aromáticos y poliaromáticos, de PM y otros elementos como los óxidos de nitrógeno (NOx), el monóxido de carbono (CO), o el ozono, los cuales producen asma, cáncer pulmonar y otras afecciones respiratorias.

Existen dos caminos para reducir estas emisiones contaminantes: uno es la modernización de la flota vehicular del país, sobre todo la del transporte de carga y los buses de servicio público, pues los motores viejos producen mucho más contaminación; el otro es aumentar la mezcla de biodiésel en el combustible, lo que reduce de manera significativa las emisiones de material contaminante, pues no contiene ninguno de los residuos mencionados.

El documento Conpes 3943, de julio de 2018, que define la política para el mejoramiento de la calidad del aire en el país, plantea como una de las principales líneas de acción la renovación y modernización del parque automotor, incluyendo mecanismos que desincentiven el uso de carros altamente contaminantes, como impuestos de rodamiento más altos para los vehículos obsoletos, e incentivos tributarios para los eléctricos y a gas. Se trata de una estrategia de largo plazo, pues la renovación de la flota vehicular tomará varios años.

Sorprende que el Conpes no haya incluido dentro de las acciones para mejorar la calidad del aire, el aumento de la mezcla de biodiésel y etanol en el diésel y la gasolina, que es una medida de impacto inmediato y demostrado para reducir la contaminación. Tampoco dice nada sobre eliminar el privilegio que hoy tiene la gran minería de no estar obligada a usar biodiésel en su operación.

Aunque desde el 2001 se han promulgado varias leyes para estimular la producción y el uso de biocombustibles, en este documento solo se menciona que en el 2020 el Ministerio de Minas “elaborará el estudio costo beneficio del impacto en la reducción de emisiones por el posible aumento en el uso de mezclas de biocombustibles”. ¡Como si no estuviera suficientemente demostrado!

Es posible que este desinterés por estimular los biocombustibles tenga una motivación económica, pues es cierto que su costo de producción es mayor que el de los combustibles de hidrocarburos, y su uso tiene un costo fiscal por los estímulos tributarios que tienen. Cualquier medida para mejorar la calidad del aire tiene costos, pero los beneficios en salud de la población y en dinero son mucho mayores.

Mauricio Cabrera Galvis
Consultor privado
macabrera99@hotmail.com

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