Mauricio Reina
columnista

¿Apagar la economía?

Hablar de tres meses es hablar de la eternidad. Con este ritmo, en tres meses no habría empresas y quizás ni siquiera gobiernos para financiar. 

Mauricio Reina
POR:
Mauricio Reina
abril 02 de 2020
2020-04-02 08:42 p.m.
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Pocas veces se había oído un comentario tan desatinado por parte de un gobernante como el que planteó Claudia López de apagar la economía para hacer frente a la crisis del coronavirus. Apagar la economía crearía un inmenso caos económico, político y social: implicaría multiplicar las quiebras de las empresas, disparar los despidos de personal y elevar el desempleo a niveles inéditos.

¡Ah..! Y también implicaría cercenar las fuentes de impuestos con los que se pretendería financiar los programas sociales de los gobiernos, nacionales y locales, para enfrentar todos los males anteriores.

Alguno subrayará que la propuesta de la Alcaldesa supone un apagón acotado en el tiempo (tres meses). Al respecto, hay que señalar que en este momento hay tres clases de empresas en el país: las que ya cesaron operaciones, las que están recortando personal mientras esperan que les desembolsen un esquivo crédito, y las que tienen caja para aguantar tres o cuatro semanas más. Por eso hablar de tres meses es hablar de la eternidad.

Con este ritmo de desajuste económico, en tres meses no habría empresas, ni empleados, y quizás ni siquiera gobiernos para financiar.

¿Y cuál es el sustento de una propuesta tan exótica como la de apagar la economía? Un dilema que parece razonable, pero que tiene sus bemoles: el que pone a escoger entre vidas humanas y actividad económica. A primera vista el planteamiento luce razonable: en el país hay poco menos de 6.000 unidades de cuidados intensivos, de las cuales alrededor de 20 por ciento pueden ponerse a disposición de los enfermos en condición crítica por el coronavirus. Teniendo en cuenta que entre 3 y 5 por ciento de los contagiados por el virus podrían requerir esos servicios para sobrevivir, es prioritaria la política de aplanar la curva de contagios para minimizar el número de víctimas mortales.

Ahora bien: ¿para aplanar la curva de contagios es indispensable adoptar una medida tan draconiana como apagar la economía? No hay tal: para aplanar la curva de contagios hay que identificar a los contagiados, aislarlos y brindarles tratamiento, pero hay maneras más racionales de lograrlo que acabar con la actividad económica. Como lo ha dicho el premio Nobel de economía de 2018, Paul Romer, la manera de disolver el falso dilema entre salud pública y economía consiste en reorientar los esfuerzos de la política pública hacia masificar la aplicación de pruebas e implementar el aislamiento de los enfermos. Eso es más o menos lo que ha hecho Corea del Sur, uno de los casos ejemplares en el propósito de minimizar los estragos del virus manteniendo la actividad económica.

Por supuesto que Colombia no es Corea del Sur, como para poder aplicar con pleno rigor una política de ese estilo. Pero tampoco somos Dinamarca, como para poder financiar con recursos públicos un congelamiento económico de tres meses sin que el país entre en caos. En este balance, al menos está en nuestras manos intentar lo primero, mientras que lo segundo nos resulta imposible y más aún con una baja en la calificación de riesgo como la que tuvimos esta semana.

Mauricio Reina
nvestigador asociado de Fedesarrollo
mauricioreina2002@yahoo.com

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