JUEVES, 29 DE FEBRERO DE 2024

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Mauricio Reina
columnista

Cambio de eje

Al paso que vamos, no sería raro que a la vuelta de unas semanas la posición del gobierno colombiano esté alineada con Irán, Rusia y sus amigos.

Mauricio Reina
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Mauricio Reina

La posición que ha adoptado el presidente Gustavo Petro sobre la confrontación entre Hamas e Israel puede tener efectos mucho mayores que los que hemos visto. Al principio miles de observadores quedaron atónitos al ver que el presidente no condenaba decididamente los actos terroristas cometidos por Hamas el sábado pasado.

La perplejidad se convirtió en indignación el ver que no se trataba de una omisión circunstancial. Tras decenas de mensajes sobre el tema, en los que Petro evita condenar un acto terrorista de tal magnitud, es inevitable preguntarse que estarán pensando los grupos al margen de la ley que operan en Colombia y que han recurrido al terrorismo, al ver que el Jefe del Estado no tiene mayores objeciones acerca de esa clase de procedimientos.

Tomaron nota de esta posición actores del escenario internacional. Por una parte, el miércoles el grupo Hamas publicó en su cuenta de Telegram alguno de los mensajes del presidente Petro, destacándolo como un apoyo a su causa. De esa manera Colombia pasó en instantes a formar parte del selecto grupo de países que Hamas considera sus amigos.

El hecho tampoco pasó inadvertido para el gobierno de EE. UU. Ayer la historiadora Deborah Lipstadt, alta funcionaria del Departamento de Estado encargada de monitorear el antisemitismo internacional, manifestó en su cuenta oficial que estaba aterrada por la comparación que ha hecho Petro entre el gobierno de Israel y el régimen genocida de Hitler. Por si quedaban dudas acerca del carácter oficial de ese mensaje, a los pocos minutos la Embajada de EE. UU. en Bogotá, lo publicó en su cuenta oficial, condenando explícitamente los mensajes del Presidente. Con esta actitud vertical y contundente del Departamento de Estado, termina la etapa de reconocimiento en la que el gobierno de EE. UU. mantuvo una posición prudente frente a la administración Petro mientras descifraba sus sinuosos derroteros.

De esta manera, en cuestión de horas los mensajes del presidente Petro han hecho moñona, no por su respaldo a la causa palestina (que ha sido reconocida por Naciones Unidas, por los Acuerdos de Oslo y por el mismo Estado colombiano) sino por su silencio ante el terrorismo. Así Colombia ha quedado matriculada en la lista de países que no ven con malos ojos los actos terroristas de Hamas y a la vez ha redireccionado la relación tutelar de la política exterior nacional con su principal aliado en el escenario global.

Lo más grave de todo esto es que la situación puede empeorar. Las implicaciones geopolíticas del conflicto entre Israel y Hamas están reconfigurando aceleradamente el escenario global. Al paso que vamos, no sería raro que a la vuelta de unas semanas la posición del gobierno colombiano esté juiciosamente alineada con Irán, Rusia y sus amigos, un escenario fatal para el interés nacional en medio de los inciertos pasos de la Paz Total.

Mauricio Reina
Investigador asociado de Fedesarrollo

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