Mauricio Reina

Dos caminos

Los países que han seguido el curso de la heterodoxia están pagando los platos rotos.

Mauricio Reina
POR:
Mauricio Reina
febrero 08 de 2013
2013-02-08 01:24 a.m.
https://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdc2b536c83.png

La situación actual de la política económica en Colombia recuerda el mito de Ulises, el legendario héroe griego que tuvo que amarrarse al mástil de su barco para evitar ser cautivado por los cantos de unas sirenas tan seductoras como fatales.

¿Cuáles son esos cantos en nuestro caso? Con la desaceleración de la economía crecen los llamados a que las autoridades se alejen de la ortodoxia que ha caracterizado el manejo económico del país. Algunos piden protección arancelaria para sus sectores, otros reclaman subsidios (y los que ya tienen, piden más) y no faltan los que demandan que el Gobierno abandone el saneamiento de las finanzas públicas de los últimos años para disparar el gasto público.

Aunque todo eso suene llamativo para la galería en la coyuntura, sus efectos hacia el futuro pueden ser fatales. No hay que ir muy lejos para ver el daño que puede hacer la heterodoxia pragmática sobre el crecimiento de mediano plazo de una economía como la colombiana.

Podríamos mencionar el caso de Venezuela, que es infinitamente rica y a la vez infinitamente pobre. A pesar de tener las reservas de petróleo más grandes del mundo y de disfrutar de los mayores precios internacionales de su crudo de los últimos meses, hoy los venezolanos padecen el mayor índice de escasez de los últimos cuatro años y no consiguen cosas tan básicas como el arroz y el azúcar. La heterodoxia populista paga en el corto plazo, pero destruye en el largo plazo.

Muchos dirán que la Venezuela de Chávez no es comparable con nada, así que sigamos hacia el sur. Argentina creció casi 9 por ciento hace dos años y hoy es uno de los países de menor crecimiento en el hemisferio, tiene una inflación superior al 20 por ciento y enfrenta persistentes presiones de fuga de capitales. Todo eso sucede en un entorno en el que las autoridades argentinas se han convertido en campeonas regionales del proteccionismo, están estrenando un nuevo pacto de control de precios y han convertido el gasto público en un instrumento de manejo político.

Como tal vez para algunos Argentina ya no sea ejemplo de nada, deberíamos hablar más bien de Brasil, ese gigante que también padece de una seria manía proteccionista y que en los últimos años de gobierno de Lula estaba en boca de todos como el ejemplo a seguir en la región. Eran los tiempos en que su economía iba a pleno galope impulsada por un manejo heterodoxo del crédito que alimentó el inmenso dinamismo del consumo de la clase media. Pero las fiestas al fiado no son eternas: el año pasado la economía brasileña creció menos de 1 por ciento.

En América Latina hay dos caminos. Los que han seguido el curso de la heterodoxia están pagando los platos rotos. Entre tanto, la ortodoxia ha rendido buenos frutos en términos de crecimiento sostenido de mediano plazo para países como Chile y Perú. Y también para Colombia, mientras sigamos atados al mástil.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado