Mauricio Reina
columnista

El Dane

Antes de que en Colombia se empiecen a cuestionar las cifras del Dane, conviene que el actual director haga un comprehensivo corte de cuentas.

Mauricio Reina
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Mauricio Reina
septiembre 27 de 2018
2018-09-27 09:16 p.m.
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Si ustedes buscan en Google ‘Reloj de población’, llegarán a un sitio de la página del Dane, en la cual aparece la estimación de cuántos somos. Allí se informa que el 21 de octubre el número de habitantes del país llegará a 50 millones. Corrijo: no llegará, sino que iba a llegar, porque según ha informado el nuevo director de la entidad, Juan Daniel Oviedo, el reloj de población está descachado y la cifra real de habitantes es al menos un millón inferior a lo que se había proyectado.

Las declaraciones del director del Dane generan dos clases de reflexiones. La primera tiene que ver con la calidad de las proyecciones de población. Lo que hace el reloj poblacional es construir una proyección sobre la base de una cifra cierta, el número de habitantes que había en el 2005, aplicándole unos parámetros como las tasas de fecundidad y mortalidad de ese entonces, para estimar cuántos deberíamos ser hoy. Sin embargo, esos parámetros no fueron actualizados en los últimos 13 años y terminaron alejados de la realidad.

Esa omisión de la actualización de los parámetros hace que la vieja proyección sea equivocada, y que ahora haya que ajustarla. Esta pifia tiene toda clase de implicaciones, que van desde cosas tan simples, pero tan delicadas como la estimación del ingreso per cápita del país, hasta cosas mucho más complejas como el diseño de muchas políticas públicas y la definición de partidas presupuestales que se calculan por habitante.

Aunque estas cosas no deberían pasar, la raíz del problema en este caso es transparente: no se actualizaron unos parámetros y en consecuencia tampoco se actualizó una proyección. Se trata de una omisión grave, pero no de un error metodológico o de deficiencias técnicas de la institución.

Sin embargo, no es la primera crítica que hace el actual director del Dane al trabajo previo de la institución. Hace un par de semanas él mismo señaló que las cuentas del PIB por departamentos no sirven porque el cambio de base que se hizo hace poco está mal hecho. En este caso no estaríamos hablando de una simple omisión, sino de un problema metodológico o de una falencia humana. A ello se agregan otras críticas de Oviedo al gobierno pasado, como, por ejemplo, que perdió la gobernabilidad del Catatumbo o que usó el censo como comodín presupuestal, lo que, según él, explicaría algunas de las deficiencias y dilaciones de los resultados actuales.

La credibilidad de las cifras económicas y sociales es una de las bases esenciales para la construcción de una democracia operante. No es gratuito que Nicolás Maduro haya prohibido la publicación de la tasa de cambio libre, o que Cristina Fernández haya acabado con las estadísticas de inflación. Antes de que en Colombia se empiecen a cuestionar las cifras del Dane, conviene que el actual director haga un comprehensivo corte de cuentas técnico, y no a cuentagotas y con matices políticos, como lo ha venido haciendo, y que la administración anterior responda de manera clara y exhaustiva todos los interrogantes que de ahí surjan.

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