Mauricio Reina
Columnista

El mínimo en tiempos de paro

Ojalá que el gobierno no se exceda en generosidad, porque así perderíamos todos, incluidos los trabajadores.

Mauricio Reina
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Mauricio Reina
diciembre 05 de 2019
2019-12-05 10:00 p.m.
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Ayer arrancó la negociación del salario mínimo. Si se cumplen los cronogramas, al comienzo de la próxima semana deberían conocerse las propuestas de las partes, y a partir de ese momento se daría un pulso que puede llevar a un acuerdo sobre una cifra o a su expedición por decreto, a más tardar el 30 de diciembre.

Si bien este ritual ya es conocido, en esta ocasión tiene un matiz especial: la negociación se da en medio del enrarecido clima político de las jornadas de paro. Y aunque el salario mínimo no hace parte de los 13 puntos que ha puesto sobre la mesa el Comité Nacional del Paro, esta situación se sentirá en las negociaciones y en su resultado.

Lo más probable es que los empresarios partan de lo razonable desde el punto de vista técnico: un incremento equivalente a la inflación esperada más el aumento de la productividad laboral.

Y también es probable que los representantes sindicales pidan un aumento de más del doble de esa cifra, argumentando el buen momento de la economía colombiana en la región y la coyuntura generada por el paro.

Entre tanto, la posición del gobierno es frágil. Mientras el ministro de Hacienda ha manifestado en el pasado su inconformidad con los altos incrementos reales del salario mínimo en los últimos años, la ministra de Trabajo salió a controvertirlo, como ya es costumbre.

Según El Tiempo, la ministra dijo que “este Gobierno no está de acuerdo en que el salario mínimo es muy alto y haremos todo lo posible, dentro de las posibilidades fiscales, por sacar el mejor salario mínimo que se pueda”.

Además, hay que recordar que el Centro Democrático ha sido el principal promotor en el Congreso de una prima laboral extraordinaria, que tiene el encanto político que suelen tener las medidas populistas, pero también todos sus costos técnicos. Si a eso sumamos la debilidad que muestra el gobierno en las encuestas en estos tiempos de paro, no sería extraño que tenga una posición más generosa que los Reyes Magos.

Ojalá que el gobierno no se exceda en generosidad, porque así perderíamos todos, incluidos los trabajadores.

Cualquier aumento del salario mínimo que supere por mucho la suma de la inflación esperada más el incremento de la productividad laboral tendría dos efectos perversos sobre la economía.

El primero sería que impulsaría la inflación, no sólo por el aumento en costos que tendrían los empleadores de los más de tres millones de trabajadores que ganan esa remuneración, sino porque varios precios de la economía se ajustan cada año de acuerdo con ese aumento.

Pero peor aún sería el segundo efecto: con un incremento desmesurado, el factor trabajo seguiría encareciéndose frente al capital, cuyo costo relativo ha bajado gracias a las gabelas tributarias para la inversión, lo que aceleraría aún más la destrucción de empleos que ha estado aquejando al mercado laboral en los últimos meses. Esa sí sería una moñona en estos tiempos de paro: más inflación y más desempleo.

Mauricio Reina
Investigador asociado de Fedesarrollo
mauricioreina2002@yahoo.com

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