Mauricio Reina
Columnista

El primer año de Duque

Gobierno debería implementar una estrategia de crecimiento que no de penda solo de dar le gabelas al sector privado.

Mauricio Reina
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Mauricio Reina
agosto 01 de 2019
2019-08-01 10:00 p.m.
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El primer año de la presidencia de Iván Duque se fue como un suspiro, y lo sucedido en estos doce meses ya permite hacer una primera evaluación económica de este gobierno.
El balance de los hechos arroja cosas buenas, malas y feas.

Lo bueno es que Colombia sigue manteniéndose en el grupo de economías que registran un buen desempeño en América Latina, junto a Perú y Chile.

Eso no es poca cosa, teniendo en cuenta que analistas y observadores, incluido el Fondo Monetario Internacional, han bajado las proyecciones de crecimiento para toda la región. Lo más probable es que este año la economía colombiana crezca entre 3 por ciento y 3,2 por ciento, una cifra que no es como para hacer fiestas, pero que, como diría Pambelé, es mejor que el 2,6 por ciento del año pasado y que los precarios resultados de vecinos como México, Brasil y Argentina.

Lo malo es que esa recuperación perezosa se da en medio de crecientes preocupaciones por los dos desequilibrios macroeconómicos que nos aquejan desde que terminó la bonanza petrolera. Por un lado, la economía colombiana tiene hoy el mayor déficit externo de la región, lo que nos hace extremadamente vulnerables a la volatilidad internacional y a una potencial aceleración de la salida de capitales del país. Por otro lado, la posibilidad de una nueva reforma tributaria no está conjurada.

Los principales derroteros de la política fiscal, el Marco Fiscal de Mediano Plazo y el proyecto de Presupuesto para 2020, son demasiado optimistas acerca del crecimiento económico y los ingresos tributarios. Si la economía no crece 3,6 por ciento este año y 4 por ciento en 2020, como espera el Gobierno, sus cuentas no cuadrarían y habría que buscar ingresos en otro lado, bajo la mirada inquisidora de las calificadoras de riesgo.

Lo feo de todo esto es que el modesto dinamismo de la economía no solo es insuficiente para alcanzar las metas fiscales, sino para preservar los logros sociales que ha alcanzado el país en los últimos años.

El deterioro social ya se nota en tres dimensiones: el desempleo ha crecido persistentemente en los últimos tres años, la pobreza monetaria aumentó levemente el año pasado, revirtiendo una tendencia positiva de más de diez años, y la distribución del ingreso también empeoró en 2018, tras haber registrado mejoras sostenidas desde 2010.

Lo más delicado de todo es que ese deterioro no se revertirá si la economía no vuelve a crecer por encima de 4 por ciento anual, una meta muy difícil de alcanzar en el futuro inmediato si no aparece el milagro de un nuevo auge petrolero. Ante este panorama, el Gobierno debe hacer un par de ajustes urgentes en su manejo económico.

Por un lado, debe implementar una estrategia de crecimiento que no dependa solo de darle gabelas al sector privado. Por otro, debe diseñar y aplicar una política social activa, que permita moderar los retrocesos que estamos observando y no descuadre las finanzas públicas.

Si no se introducen esos dos cambios, en cualquier momento aparecerá en el horizonte el fantasma del populismo, cobrando la factura del deterioro social y lanzando propuestas que nos pueden llevar al abismo.

Mauricio Reina
Investigador asociado de Fedesarrollo
mauricioreina2002@yahoo.com

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