Mauricio Reina
columnista

Empantanados

El país debería estar trabajando de manera conjunta para aumentar la productividad y mejorar el nivel de vida de la población. 

Mauricio Reina
POR:
Mauricio Reina
marzo 14 de 2019
2019-03-14 09:15 p.m.
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¿Será que el crecimiento de la economía logrará pasar del 2,7 por ciento, que registró en el 2018, a 3,3 por ciento este año? Así estamos, discutiendo por medio punto porcentual, cuando el verdadero debate debería ser otra: después de crecer a una tasa promedio de 4,5 por ciento durante una década, la economía colombiana encara un nuevo techo para su crecimiento potencial de apenas 3,5 por ciento.

Dejamos de avanzar a velocidad de bicicleta, porque desapareció la bonanza minero-energética, y ahora estamos abocados a una triste realidad: sin viento de cola, esta economía solo puede avanzar a ritmo de triciclo. La razón es conocida: durante diez años disfrutamos la lotería de las rentas petroleras y no la invertimos en elevar la productividad del trabajo y el capital. La calidad de la educación no ha avanzado un ápice, como lo muestran los resultados de Colombia en las pruebas internacionales, y el cambio técnico en nuestro aparato productivo ha sido despreciable.

La evidencia es contundente: el aporte de la productividad total de los factores al crecimiento económico del país en los últimos años ha sido negativo, mientras que esa misma productividad ha estado estancada frente a la de Estados Unidos por varias décadas. Y la ilusión de que las gabelas tributarias a las empresas previstas en la Ley de Financiamiento hará el trabajo de aumentar la productividad y elevar el crecimiento, es solo eso: ilusión. Vean el caso de Estados Unidos. Los incentivos tributarios a las empresas promovidos por Trump en la pasada reforma tributaria no tuvieron un efecto duradero en el dinamismo: el crecimiento de la economía estadounidense caerá de 2,9 por ciento en el 2018 a 2,5 este año, y a 1,8 en el 2020, según el Fondo Monetario Internacional.

Un crecimiento potencial de la economía colombiana de 3,5 por ciento es insuficiente para preservar los logros de reducción de la pobreza de los últimos años y para seguir elevando el ingreso por habitante. Por eso el país debería estar trabajando de manera conjunta para aumentar la productividad y mejorar el nivel de vida de la población. Pues, resulta que estamos cada vez más lejos de hacerlo: ni estamos trabajando en los temas que deberíamos, ni lo estamos haciendo de manera conjunta.

Hoy, Colombia ha regresado a la polarización alrededor de la guerra que nos ha bloqueado durante décadas. Estamos pataleando en arenas movedizas con la posibilidad de un acto legislativo que baraje y reparta de nuevo las condiciones de la Justicia Especial para la Paz, y multiplique así las disidencias de las Farc; con el inminente choque de trenes entre el presidente y la Corte Constitucional, y con el Congreso convertido en escenario de una interminable venganza de la derecha hacia los exguerrilleros de las Farc.

Todas las posiciones sobre las Farc son respetables, pero hay que recordar que las sociedades que han dado un salto importante en su desarrollo lo han hecho avanzando conjuntamente hacia un propósito común. Nosotros, en cambio, estamos condenados a permanecer hundidos en el pantano de la confrontación.

Mauricio Reina
Investigador Asociado de Fedesarrollo

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