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Mauricio Reina
Columnista

Petro en la ONU Columnista

Eso de comparar a países desarrollados con los nazis ya no es un exceso retórico sino que se convierte en un explosivo postulado de política exterior.

Mauricio Reina
POR:
Mauricio Reina
septiembre 22 de 2022
2022-09-22 10:06 p. m.
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Poco a poco, el presidente Petro está pareciéndose cada vez más a lo que fue como alcalde y como senador: una especie de reactivo químico que produce reacciones extremas en los colombianos. Nada de matices ni visiones ecuánimes: Gustavo Petro ha vuelto a generar, como lo ha hecho durante más de 30 años, amores y odios extremos.

Su discurso del martes pasado ante la Asamblea General de Naciones Unidas es una muestra de ello. Sus simpatizantes no bajan sus calificativos de ‘histórico’, mientras sus detractores advierten que fue el mayor desastre político que puede haber existido.

Mientras cada cual ve en él lo que quiere ver, yo creo que Petro sigue siendo un presidente ambiguo -unas veces extremista y otras conciliador, a veces ideologizado y a veces pragmático-, cuyo verdadero espíritu como gobernante se irá definiendo en el ejercicio de la política, esa interacción constante entre talante, ideología y posibilidades que ofrece el entorno.

Su alocución en la ONU tiene un par de matices que conviene diferenciar. El primero es conceptualmente contundente y políticamente audaz: su señalamiento del fracaso de la guerra contra las drogas y la necesidad de replantearla. Petro no es el primer mandatario latinoamericano que formula estas ideas, pero quizás sea el que lo ha hecho de manera más contundente. La elocuencia de sus planteamientos lo podría convertir en el líder de una cruzada global para transformar el paradigma dominante.

Pero a veces lo que se escribe con la mano se borra con el codo: el segundo matiz de la alocución tiene que ver con el uso de categorías y conceptos cargados de sesgos Ideológicos. Señalar a ‘el capital’ como el culpable de la crisis climática, y no a la falta de regulación o la ausencia de incentivos adecuados, lleva su discurso del terreno de propositivo al de la confrontación ideológica, minando su potencial para liderar cualquier discusión internacional. Lo mismo sucede con frases como aquella que dice que la culpable de lo que estamos viviendo es ‘su sociedad (de los países del norte) educada en el consumo sin fin’.

Pero así como en el discurso hay pasajes más retóricos que orientados a la búsqueda de soluciones prácticas, hay uno en concreto que debería preocuparnos a los colombianos.

Es un planteamiento que sin duda tendrá efectos duraderos en la política exterior del país: “Si observan que los pueblos se llenan de hambre y de sed y emigran por millones hacia el norte, hacia donde está el agua, entonces ustedes los encierran, construyen muros, despliegan ametralladoras, les disparan (…) quintuplican la mentalidad de quien creo políticamente las cámaras de gas y los campos de concentración, reproducen a escala planetaria 1933”. Eso de comparar a los países desarrollados con los nazis ya no es sólo un exceso retórico sino que se convierte en un explosivo postulado de política exterior. ¿Cuántas cancillerías habrán tomado nota?

Mauricio Reina 
​Investigador Asociado de Fedesarrollo

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