Mauricio Reina
Columnista

Un camino peligroso

Está claro que hay que avanzar rápidamente en la generación de empleo y la reducción de la pobreza.

Mauricio Reina
POR:
Mauricio Reina
junio 24 de 2021
2021-06-24 08:30 p. m.
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Aún es imposible saber qué consecuencias dejará el paro nacional para la economía colombiana. Mientras los más ingenuos piensan que el paro ya está quedando atrás, los más realistas tienen claro que las causas de la protesta están intactas: más de tres millones de personas cayeron de nuevo en la pobreza con la pandemia, tres millones y medio de jóvenes hoy no estudian ni trabajan, y la distribución del ingreso ha vuelto a empeorar.

Ante ese panorama, la viabilidad del país como lo conocemos depende de la capacidad que tengamos de hacer ajustes de fondo en el mercado laboral, en el diseño de la política social y en la dimensión redistributiva de las políticas tributaria y fiscal, por mencionar solo algunas áreas que exigen reformas.

Aunque es evidente la necesidad de esas transformaciones, no está claro que estemos recorriendo el camino correcto para alcanzarlas. Lo sucedido en los últimos dos meses sugiere que el país ha empezado a transitar una ruta con rasgos peculiares que, en caso de mantenerse, nos puede conducir a un despeñadero.

El primer rasgo se refiere a la manera como se tramitan los cambios de la política pública. En las últimas semanas ‘la calle ha hablado’ y ha logrado cosas como el retiro de la reforma tributaria, la salida del ministro de Hacienda y el hundimiento de la reforma a la salud. Si en adelante ‘la calle’ sigue determinando las grandes decisiones, las medidas de fuerza reemplazarán la discusión conceptual y democrática como el ámbito de definición de las políticas públicas.

El segundo rasgo tiene que ver con la manera como se atienden las necesidades sociales del país. Está claro que hay que avanzar rápidamente en la generación de empleo y la reducción de la pobreza, pero hay que hacerlo de manera que sea sostenible y consistente con el propósito de lograr una mayor competitividad de la economía.

Limitarse a buscar unos recursos para implementar unos apoyos sociales, sin reparar en la sostenibilidad de la política o su idoneidad económica, puede estar transformándonos en un Estado corporativista donde la gobernabilidad se compra a punta de prebendas.
Finalmente, el tercer rasgo del camino que se insinúa es la mala hora de la tecnocracia.

La discusión analítica ha sido desplazada por la bullaranga demagógica, al punto que ya nadie cuestiona cosas que en el pasado habrían sido descalificadas por anti técnicas. El ejemplo más elocuente es que hoy nadie se atreve a criticar las deficiencias técnicas que pueda tener el nuevo proyecto de reforma tributaria que está cocinando el gobierno, por una sencilla razón: porque parece ser la única reforma que es políticamente viable.

Ojalá no nos vaya a pasar que, por andar chapaleando afanosamente para sobreaguar, estemos recorriendo una ruta sin retorno: la que conduce hacia un Estado corporativista, donde no hay debates técnicos y quien manda es ‘la calle’

Mauricio Reina
Investigador asociado de Fedesarrollo
mauricioreina2002@yahoo.com

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