Mauricio Reina
Columnista

Una economía cerrada

Para satisfacer intereses de sectores particulares, sucesivos gobiernos han ido cerrando la economía, con un alto costo en términos de crecimiento.

Mauricio Reina
POR:
Mauricio Reina
febrero 13 de 2020
2020-02-13 09:46 p.m.
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Acaba de decirlo la revista The Economist, en un artículo cuyo título no puede ser más elocuente: ‘Los costos de la economía cerrada de Colombia’. Hace ya cinco meses el Banco de la República publicó un libro que muestra que actualmente la economía colombiana está tan cerrada al comercio internacional como lo estaba en los años noventa (Comercio exterior en Colombia: política, instituciones, costos y resultados, editado por Jorge García, enrique Montes y Iader Girlado). Aunque el libro ha tenido despliegue en círculos académicos, ni los gremios ni el gobierno se han dado por aludidos.

Las conclusiones del libro son tan sencillas como escandalosas. El país hizo un gran esfuerzo para abrir la economía a comienzos de los años noventa: el arancel promedio pasó de más de 30 por ciento en los ochenta a menos de 10 por ciento en este siglo. Esto buscaba que la economía hiciera uso eficiente de sus recursos y que se elevara la productividad. Pero más tardó el gobierno de César Gaviria en implementar la apertura, que las administraciones posteriores en revertirla, en gran medida por presiones gremiales y empresariales.

Los instrumentos utilizados para bloquear las importaciones ya no fueron los aranceles, sino las denominadas Medidas No Arancelarias, como las normas técnicas, las reglas fitosanitarias y los cupos de importación. Como resultado de esa contrarreforma, las Medidas No Arancelarias pasaron de cubrir 27 por ciento de las importaciones en los años noventa a 80 por ciento de las importaciones en la actualidad. El resultado es escandaloso: de acuerdo con los cálculos de los autores del libro, las restricciones a las importaciones generadas por esas medidas no arancelarias equivalen a tener un arancel promedio de más de 100 por ciento, lo que implica un nivel de protección más de diez veces superior que el que indican los aranceles actuales.

Lo más grave es que una economía cerrada conlleva menor productividad, menor crecimiento y menor empleo. Así lo señalaba la teoría económica clásica, desde Smith y Ricardo, y así lo han confirmado muchos estudios empíricos hasta hoy. Por ejemplo, según un trabajo publicado hace poco por Augusto de la Torre y Alain Ize, ex funcionarios del Banco Mundial (Latin American economic growth: hopes, disappointments, and prospects), los países latinoamericanos que han logrado reducir la brecha de ingresos frente a Estados Unidos son aquellos que han incrementado su participación en el comercio mundial, incluso después de la destorcida de las materias primas. Y no estamos hablando precisamente de Colombia. La participación de las exportaciones más las importaciones en el PIB, un buen indicador de la inserción internacional, es 68 por ciento en el caso de Chile, 56 por ciento en México y 45 por ciento en Perú, y apenas 38 por ciento en el caso de Colombia, cifra que se ha mantenido inalterada desde 1960.

Así es la cosa: para satisfacer intereses de sectores particulares, sucesivos gobiernos han ido cerrando cada vez más la economía colombiana, con un alto costo en términos de crecimiento y empleo en perjuicio de todos los colombianos. ¿Habrá alguien capaz de ponerle el cascabel a este gato?

Mauricio Reina
Investigador asociado de Fedesarrollo
mauricioreina2002@yahoo.com

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