Miguel Gómez Martínez
Columnista

Capitalismo y fútbol

La Superliga buscaba imitar el sistema de EE. UU. de un número limitado de equipos como en el basquetbol, con solo 30 equipos. 

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
abril 27 de 2021
2021-04-27 07:30 p. m.
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El proyecto duró menos que merengue en puerta de colegio. La idea de un grupo de grandes equipos europeos de fútbol de crear la Superliga europea fracasó producto de la presión popular y la dura reacción de la Unión Europea de Asociaciones de Fútbol (UEFA).

Los clubes fundadores de la fracasada Superliga europea son la élite del fútbol profesional a nivel mundial: Manchester United, Arsenal, Chelsea, Tottenham, Manchester City, Liverpool, Real Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid, Inter, Milan y Juventus.

Sus nóminas están llenas de costosísimas figuras que ganan salarios exorbitantes y cuyos ingresos por publicidad, marca y derechos de transmisión por televisión son colosales. Claro que la pandemia, con todas sus restricciones, h generado pérdidas relacionadas con menores ventas de camisetas y artículos promocionales así como ausencia de espectadores.

Porque el tema detrás de la iniciativa es la lucha por el reparto de los ingresos de un negocio que, como el fútbol, está globalizado. Cualquiera de estos clubes tiene decenas de miles de fanáticos en lugares tan distintos como América Latina, China, Japón o África.

La Superliga clasifica los campeonatos nacionales pues los equipos soló pertenecen al Reino Unido, España e Italia. Otras ligas como la alemana o la francesa no formaron parte del proyecto inicial. Los doce equipos consideran que su situación actual no es favorable pues son ellos los que arrastran las grandes audiencias televisivas. Quienes están suscritos a los servicios de televisión pagada lo hacen por tener acceso a estos partidos entre grandes.

Nadie puede suponer que el cliente español lo hace para ver jugar al Eibar contra Cádiz o el inglés para seguir Sheffield contra Burnley o el italiano para ver Genoa contra Udinese.

Quienes mandan la parada en popularidad quieren una mayor fracción de los ingresos por televisión. El problema es que los equipos pequeños, que son la inmensa mayoría, requieren de esos recursos para sobrevivir. Hay entonces, como en tantos otros aspectos, un subsidio cruzado de los equipos ricos a los pobres.

La Superliga buscaba imitar el sistema estadounidense de un número limitado de equipos como el que existe en el básquetbol donde solo hay treinta equipos y cada franquicia puede costar hasta 5000 millones de dólares, como el caso de los Knicks de Nueva York o los Lakers de Los Ángeles. Algo similar sucede en el rugby, el béisbol o el hockey.

Deportivamente las ligas locales no son competitivas y la aplastante dominación de los grandes equipos hace que el espectáculo sea poco equilibrado y pierda interés. Son muchos encuentros donde los resultados son muy previsibles. De ahí el interés creciente de la liga de Campeones donde los equipos son más equiparables.

Si la dimensión financiera y deportiva favorecía el diseño del malvado Florentino González, la realidad política produjo una revolución popular.

Miguel Gómez Martínez
Presidente de Fasecolda
migomahu@hotmail.com

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