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Miguel Gómez Martínez

Causas y soluciones

Mientras sigamos asignando causas erróneas a los problemas reales estaremos cada vez más lejos de ofrecer respuestas a las necesidades ciudadanas.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
mayo 10 de 2022
2022-05-10 09:10 p. m.
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La pobreza del debate de ideas en Colombia es el mayor riesgo para nuestra democracia. En esta campaña electoral es evidente que muchos confunden causas y soluciones de los problemas nacionales.

Un buen ejemplo es seguir insistiendo que la causa de la inseguridad es la pobreza. Afirmar que los pobres son violentos no sólo no es válido, sino que además es injusto. Los pobres son las principales víctimas de la inseguridad. La experiencia internacional confirma que naciones con niveles de pobreza mucho más elevados que los Colombia tienen índices de inseguridad muy inferiores al nuestro. Proponer que sólo la eliminación de la pobreza permitirá reducir la inseguridad es entonces una soberana tontería.

Hay otros candidatos que sostienen que el remedio milagroso para todos nuestros males es la educación. Si invertimos en educación, que hoy ya es el rubro más importante del presupuesto, se solucionarán, como por arte de magia, los problemas. La educación, sobre todo si es de muy mala calidad como es el caso de Colombia, no sólo no es una solución, sino que constituye una parte muy significativa de nuestros problemas de inequidad, competitividad y violencia.

Están los fanáticos de la corrupción que creen que basta que eliminarla para que todas nuestras dificultades se resuelvan. Es desconocer que las falencias en la asignación del gasto y la pobre ejecución presupuestal en Colombia son descomunales. Mucho de lo que denominamos corrupción en realidad es chambonería y ausencia de técnica de quienes ejecutan el presupuesto.

Abundan en este debate los partidarios -en la derecha, el centro y la izquierda- de los subsidios monetarios. Como en este país hay muchos pobres lo que hay que hacer es darles dinero y de esa forma los problemas se resuelven. Fácil. La idea de que la pobreza desaparece con subsidios es ignorar que su sostenibilidad fiscal es precaria y su impacto es de corto plazo. Desmontar un subsidio por lo general engendra un problema más grande que el que se quiso corregir.

Ni hablar de los “miserabilistas y buenistas” obsesionados con la micro- gerencia pública.
Piensan que el estado es capaz de solucionar todos los problemas de los pobres porque esa es la verdadera justicia social. Billones y billones de pesos se destinan a programas y proyectos absurdos que no resisten ningún análisis de costo eficiencia. Mientras tanto, iniciativas que pueden transformar problemas estructurales de nuestra sociedad nunca tienen los presupuestos necesarios para generar el impacto necesario.

Mientras sigamos asignando causas erróneas a los problemas reales estaremos cada vez más lejos de ofrecer a los ciudadanos respuestas a sus necesidades. La política seguirá siendo parte del problema y no de la solución nacional.

Pos-scriptum: la quema masiva de vehículos y la amenaza a cientos de comunidades confirma que regresamos a épocas tristes de nuestra historia. Vamos marcha atrás.

Miguel Gómez Martínez
migomahu@gmail.com

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