Miguel Gómez Martínez

Comparaciones odiosas

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
enero 08 de 2014
2014-01-08 12:55 a.m.
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Se dice que las comparaciones son odiosas. Pero en un entorno dinámico es la única forma válida de medir los avances y los retrocesos.

Sin comparar, la situación de Colombia parece positiva, pues el crecimiento es aceptable, la inflación es baja y el desempleo sigue alto, pero la tendencia es buena.

Vamos bien depende de con quién nos comparemos.

Durante años, quienes tenemos la posibilidad de viajar al exterior, quedábamos maravillados con los beneficios de los países desarrollados.

Cómo no admirar la infraestructura de los países europeos, el avance técnico de Estados Unidos, los niveles de seguridad de Japón o la coherencia social de una sociedad tan multicultural como Canadá.

Esas comparaciones no resultan relevantes, ya que esas naciones nos llevan un avance significativo.

Lo que hay que hacer es compararse con países que eran muy similares a Colombia y que hoy nos han tomado una ventaja considerable. Esas comparaciones sí son válidas y no resultan favorables para nosotros.

Empecemos con los vecinos que acostumbramos a mirar por encima del hombro.

Ecuador tiene un sistema de carreteras que supera ampliamente al colombiano. El de Chile o México parece de nivel europeo. Incluso el de Perú es mejor que el nuestro.

Pero en Panamá, una nación de 3,5 millones de habitantes, es impresionante el ritmo de construcciones importantes que incluyen autopistas sobre el mar, túneles urbanos, vías elevadas en pleno centro de la ciudad. ¡En el 2014, en Ciudad de Panamá inauguran la primera línea del metro! Nada de eso vemos en Colombia, ni mucho menos en Bogotá. Cómo no envidiar los parques de Lima, llenos de flores y jardines cuidados.

Maravillosa es la seguridad en Santiago donde las personas y los bienes son respetados. Limpias, y no llena de grafitos y basuras, están Quito, Lima y Ciudad de Panamá.

Del espacio público no hay ningún punto de comparación.

En Colombia desapareció cualquier símbolo de autoridad en los andenes y calles. Los mismos policías compran en el puesto ilegal de comidas y los semáforos son verdaderos bazares.

El espacio público, que debería ser de todos, ha sido privatizado con el argumento populista de que hay mucha pobreza. Las comparaciones son odiosas, es cierto, sobretodo si las calles colombianas se parecen cada vez más a las de Senegal, Marruecos o Costa de Marfil.

Y de los pavimentos no hablemos. Huecos y cráteres como los que se ven en Colombia no hay en el continente. ¿Por qué será que se pueden hacer calles con buenos drenajes que no tienen charcos ni los desniveles que se observan en nuestro país? Parece ser que nuestra ingeniería de vías tiene un inmenso retraso con respecto a la ecuatoriana.

Es cierto que en muchos aspectos vamos avanzando. También hay que reconocer que, en general, el servicio es mejor en nuestro país que en los de los vecinos, y que nuestra productividad es más elevada.

Pero se le hace un flaco servicio al país cuando, desde el Gobierno, se repite incesantemente que estos son los mejores tiempos de nuestra historia. Depende de con quién nos comparemos.

Miguel Gómez Martínez

Profesor del Cesa

representante@miguelgomezmartinez.com

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