Miguel Gómez Martínez
columnista

Departamentos obsoletos

En estos momentos en que se prepara un nuevo Plan Nacional de Desarrollo, deberíamos abrir un debate sobre la substitución de los departamentos.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
diciembre 04 de 2018
2018-12-04 09:28 p.m.
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La estructura territorial es uno de los grandes obstáculos para el desarrollo nacional. Los departamentos son una división obsoleta que se ha justificado por razones de intereses políticos locales. Era mucha más lógica la división por grandes regiones que teníamos en las primeras décadas de nuestra historia republicana.

En estos momentos en que se prepara un nuevo Plan Nacional de Desarrollo, deberíamos abrir un debate sobre la substitución de los departamentos por regiones. En lugar de los 30 departamentos podríamos tener 11 regiones: Caribe, Pacífica, Isleña, Tolima, Antioquia, Santanderes, Llanera, Amazónica, Pastusa, Cundiboyacense y Bogotá. Son entidades que tienen coherencia cultural, geográfica, económica e histórica. La mayor ventaja que tiene el concepto de región es en el plano de la planeación.

Proyectos estratégicos de envergadura pueden desarrollarse con mayor facilidad y tienen mayor impacto. ¿Cómo es posible que no hay un ferrocarril que una a Riohacha con Montería? ¿Por qué nuestra costa Pacífica, de norte a sur, es la zona más abandonada del país? ¿Cómo desarrollar el potencial de los inmensos ríos de los Llanos Orientales? ¿Por qué no racionalizamos el absurdo montaje de las universidades públicas en cada departamento, que hoy confirman ser un esquema insostenible que solo garantiza la baja calidad de la educación? Estos son solo algunos ejemplos de proyectos que serían viables y que tendrían la capacidad de transformar la realidad de millones de colombianos.

Un segundo aspecto favorable sería la eliminación del ineficiente régimen departamental que hoy es el mayor foco de corrupción e ineficiencia. Eliminar las asambleas, las contralorías departamentales, las licoreras, loterías y tantas empresas que solo sirven para repartir puestos y desviar presupuestos. En esta época de estrechez fiscal, sería un inmenso esfuerzo por racionalizar un Estado que, a nivel territorial, es famélico en su capacidad de aportar soluciones a los problemas reales.

Hoy, cuando se quiere adelantar un proyecto cuyo impacto desborda el marco de un departamento es necesario vencer unos obstáculos fenomenales. Con las regiones se podrían adicionar los presupuestos departamentales actuales, siempre insuficientes, para acometer proyectos de impacto sustantivo. Obligaría a priorizar los proyectos que se requieren sin tener que desgastar la acción del Estado en lograr la aprobación de múltiples instancias departamentales. Una única gestión de planeación, un solo estudio de impacto ambiental, una estructura de control fiscal y de ejecución de los recursos sería mucho más eficiente que la actual colcha de retazos imposible de coordinar con sus sobrecostos y duplicación de funciones.

La región le daría a la maltrecha descentralización un nuevo aire. Con pocas regiones que representan la verdadera diversidad del país, sería posible una mejor distribución de los recursos disponibles y cerrar las brechas de bienestar que hoy caracterizan la realidad nacional. Departamentos como La Guajira, Sucre, Chocó, Putumayo, acosados por la pobreza y la crisis administrativa, encontrarían una esperanza de poder salir de la postración en la que se están desde hace décadas.

Es necesario volver a concentrar el poder regional. Haberlo fraccionado es una de las causas de la crisis del Estado. Debemos substituir los departamentos por regiones. No solo racionalizaríamos la estructura estatal, sino que mejoraríamos la capacidad de planeación y ejecución del gasto. Resulta irónico que en este país donde las regiones son una realidad, no existen desde el punto de vista administrativo.

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