Miguel Gómez Martínez
Columnista

Desbordados

Solo la vacuna podría cambiar en forma definitiva esta perspectiva. Mientras tanto, seguiremos viviendo en un entorno incómodo. 

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
septiembre 01 de 2020
2020-09-01 10:37 p. m.
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La decisión de eliminar las medidas de cuarentena es el resultado de una coyuntura insostenible. A pesar de que el número de contagiados sigue aumentando y ronda los 600.000 casos y las muertes ya se acercan a 20.000, el gobierno tomó la decisión de superar la fase de restricciones.

La verdad se ensayaron todo tipo de alternativas. En una innecesaria cacofonía con los gobierno locales, el gobierno decidió tomar el toro por los cachos y optó por liderar las iniciativas contra la expansión de la pandemia. La comunicación ha sido permanente y sin duda efectiva. En el tema del Covid 19 no se puede desconocer la voluntad del gobierno de enfrentar la delicada circunstancia con decisión. Pero la realidad es que las estrategias de lucha contra el virus han tenido todas, a nivel mundial, momentos de optimismo y cambios de tendencias preocupantes. En algunas naciones, que parecían haber superado el pico, se perciben repuntes importantes en los niveles de contagio.

Entramos en una etapa en que nos resignamos a vivir con el virus. Porque la economía no puede seguir esperando una normalización que tardará meses o años en producirse.

El costo en términos de pérdida de empleos (19,8 por ciento) es sencillamente aterrador. Pero lo mismo puede decirse de los miles de negocios que tiraron la toalla y cerraron. La destrucción de capacidad productiva se mide en un descenso sin precedentes del Producto Interno Bruto en el segundo trimestre (-15,7 por ciento).

Bajarán los precios de los inmuebles, los locales, la tierra y de todos los activos productivos. También lo harán el valor de los negocios. A pesar del esfuerzo de la política monetaria por rebajar el costo del dinero, el problema central es de demanda. Es difícil que la gente gaste cuando a su alrededor se observa el desempleo y las quiebras. El reflejo normal es la prudencia y el ahorro.

Todos los gobiernos del mundo han sido desbordados por el reto pandémico. No hay mucho más que puedan hacer porque todo depende ahora de la disciplina social. La población no pude interpretar que el peligro ha pasado porque no es el caso. Tiene que extremar sus medidas personales de protección para lograr conciliar la necesaria reactivación económica con la contención del virus.

El problema es que no tenemos una cultura de disciplina social. A lo largo de los últimos meses hemos visto que, a pesar de los inmensos esfuerzos de comunicación, segmentos enteros de la población siguen sin asimilar la importancia de las medidas de prevención de contagio. La informalidad hace todo más difícil porque la desprotección en la que vive el 50 por ciento de la población económicamente activa, la obliga a asumir más riesgos de los que sería prudente en las actuales circunstancias.

La realidad nos obliga a flexibilizar las restricciones. Solo la vacuna podría cambiar de forma definitiva esta perspectiva. Mientras tanto viviremos en un entorno incómodo con algunas actividades recuperando algo de normalidad mientras se implementan medidas que serán insuficientes para garantizar la ausencia de contagios.
Todo depende ahora de cada uno de nosotros.

Miguel Gómez Martínez
Presidente de Fasecolda
migomahu@hotmail.com

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