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Miguel Gómez Martínez
Columnista

Discurso y realidad

Nos encanta afirmar que podríamos ser una potencia, pero es poco lo que realmente hacemos para que sea cierto y no un sólo enunciado político.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
noviembre 16 de 2022
2022-11-16 12:49 a. m.
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Una de nuestras tradiciones políticas es definir, en los discursos, un horizonte ambicioso e idílico de nuestro potencial como nación y luego constatar en la realidad lo poco que hacemos para convertir los sueños en realidades.

El mejor ejemplo es la afirmación del potencial de Colombia como productor de alimentos y materias primas de origen agropecuario. Los colombianos están convencidos que podríamos abastecer al planeta en estos bienes. La realidad muestra que nuestro potencial real es bastante más limitado y que se requerirían décadas de grandes inversiones para volver algunas de nuestras tierras productivas. A ello habría que adicionar obras complementarias en comunicaciones, tecnología, distritos de riego, paquetes tecnológicos, modelos de comercialización y logística de exportaciones. Todos los gobiernos plantean discursos elocuentes sobre el potencial y luego hacen muy poco por volverlo realidad.

Otro tema es el potencial del sector turismo. Somos uno de los países con menor relación turistas/población. En los discursos planteamos que podríamos multiplicar varias veces el número de visitantes, pero no vamos más allá. Los aeropuertos no dan abasto. Cartagena, nuestra perla turística, tiene un aeropuerto obsoleto, servicios públicos deplorables y unas playas que son una vergüenza en términos de calidad, limpieza y seguridad. No resisten comparación con México, Brasil, Aruba o cualquier otro destino similar. El Chocó puede ser una potencia del ecoturismo, salvo que no cuenta con posibilidades de acceso, agua potable, electricidad y una hotelería con algo de capacidad.Afirmamos, en los discursos, que Colombia tiene que exportar y ser competitiva pero no tenemos vías. Pagamos los peajes más costosos del mundo y rodamos por unas carreteras que serían consideradas como vías terciarias en Chile, Brasil, México, Panamá e incluso Ecuador. En Colombia no hay autopistas en el sentido técnico de la palabra. Cualquier temporada de lluvia las paraliza durante meses. No tenemos tren ni utilizamos nuestros ríos para conectarnos. En este tema todos nuestros vecinos nos han tomado una ventaja inmensa. Tal vez cuando estemos en las vías 18G podamos salir o entrar a Bogotá en menos de dos horas. Creemos que podemos ser una potencia mundial en servicios a distancia o desarrollo de software. Se requiere personal bilingüe y, en nuestros colegios públicos, los idiomas tienen un muy pobre nivel. Para poder participar en el mundo de la tecnología requerimos muchos estudiantes en matemáticas, pero cada día abrimos más facultades en ciencias sociales. Pululan sociólogos, abogados, antropólogos sin trabajo mientras escasean los programadores y tecnólogos en comunicaciones o sistemas.

Vivimos en medio de discursos que exaltan nuestro potencial en muchas áreas, pero en una realidad que difiere, de manera sustancial, de lo que escuchamos. Nos encanta afirmar que podríamos ser una potencia, pero es poco lo que realmente hacemos para que sea cierto y no un sólo enunciado político.

Hablar es lo nuestro.

Miguel Gómez Martínez 
migomahu@gmail.com

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