Miguel Gómez Martínez
columnista

Explicaciones

¡Entre el domingo de 23 y el lunes 24 septiembre desaparecieron 7 millones de colombianos!

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
octubre 02 de 2018
2018-10-02 09:08 p.m.
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El Dane nos debe una explicación. Se anunció la semana pasada que el resultado del Censo de 2018 parece indicar que, en vez de 50 millones de habitantes proyectados por la misma entidad en el modelo demográfico que estuvo por años disponible en su página web, parece que solo somos 43 millones. ¡Entre el domingo de 23 y el lunes 24 septiembre desaparecieron 7 millones de colombianos!

Tamaña desviación en la cifra de la población total merece una explicación estadística detallada. Dos escenarios parecen posibles. El primero de ellos es que el Censo del 2005 tenga grandes deficiencias y, por lo tanto, las proyecciones que se han venido realizando por el Dane durante los últimos trece años estén desfasadas de la realidad. La segunda, y la que es necesario despejar con urgencia, es que el Censo de 2018, realizado con una nueva metodología de recolección y validación de la información, sea un fiasco.

Salvo que se presente una guerra, una pandemia o una catástrofe natural de graves consecuencias, las cifras demográficas tienen tendencias muy inerciales. No se modifican de forma brusca. Nadie duda que la natalidad en Colombia tiene tendencia decreciente y que se observa el principio del fenómeno de envejecimiento de la población. Tampoco es un misterio que las mejoras en salud, higiene y nutrición se reflejan en un aumento de la esperanza de vida. Pero proyectar que en la segunda semana de octubre del 2018 seríamos 50 millones y que el resultado preliminar del censo arroje la cifra de 41,2 millones de habitantes con el 96,7 por ciento del territorio cubierto, no deja de ser algo sorprendente.

De la noche a la mañana, el PIB por habitante, todas las mediciones de pobreza y las mediciones que incorporen cobertura relacionadas con la población se modificaron. Si hay 7 millones menos de habitantes, debió bajar sustancialmente el número de pobres en Colombia, y es probable que mejoren las tasas de cobertura de servicios públicos, el acceso a la educación o la atención en salud. Si el reloj de población del Dane (www.dane.gov.co/reloj/), al momento de escribir esta columna, proyectaba que éramos 49’967,995 habitantes en Colombia y resulta que seríamos muchos menos, pues vale la pena aclarar las diferencias en las cifras.

El censo es una medición real y el reloj es solo una proyección sobre la base de estimativos del comportamiento de la natalidad y mortalidad. Pero no puede haber tanta diferencia, pues surgen dudas sobre la calidad de los modelos de proyecciones que son indispensables para orientar la toma de decisiones económicas. La planeación estatal, pero también la de las empresas privadas, se apoya en la información estadística disponible. Saber cuántos somos es fundamental para canalizar la inversión pública, pero es indispensable para temas como el mercadeo. Que el tamaño de la población estimada disminuya, implica que nuestro mercado es menos interesante y tiene menor potencial de crecimiento.

Dado que censos no se realizan cada año, es fundamental que los agentes económicos puedan utilizar las proyecciones efectuadas a partir de los resultados de las mediciones reales. El Dane tiene que explicar esta sorprendente información.

Coletilla: el Ministerio de Hacienda debería ahorrar los mayores recursos que se recibirán como resultado de los mejores precios internacionales del petróleo.

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