Miguel Gómez Martínez

Fallas y fallas

Como buen escéptico y realista, dudo de la perfección.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
julio 13 de 2021
2021-07-13 06:24 p. m.
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Hay lecturas que abren los ojos a nuevas perspectivas. Están las que ratifican lo que uno piensa. Y hay unas que, al cuestionar lo que creemos válido, terminan fortaleciendo esas mismas creencias. Es el caso del libro 'Cómo fracasan los mercados', de John Cassidy (Picador, Nueva York, 2021). Publicado por primera vez 2010 cuando apenas iniciaba la recuperación de la crisis financiera del 2008-2009, este texto es un ataque integral al modelo de liberación de los mercados preponderante desde hace cuarenta años.

Con inteligencia y profundidad, Cassidy argumenta que las fallas de mercado han sido los causantes de los principales problemas económicos actuales como la crisis ambiental, el aumento de las desigualdades sociales, la explosión de los riesgos financieros, el poder creciente de los oligopolios, las crisis fiscales o el endeudamiento creciente de los gobiernos y los hogares.

El autor divide las escuelas de pensamiento en dos grandes vertientes: define como “utópicos” a los partidarios de la libertad económica por su fe irracional en los mecanismos de ajuste automáticos de las fuerzas del mercado. Frente a ellos están los “realistas”, que consideran que la intervención del estado puede corregir las fallas inevitables del mercado. Hasta aquí nada novedoso.

Pero impulsado por la popularidad creciente de los modelos populistas -de derecha y de izquierda- que promueven políticas proteccionistas como el de Donald Trump o fiscalistas como el de Biden o restrictivas de la actividad empresarial (Macron y sus tasas ambientales) o penalizadoras de actividad financiera como los gravámenes a los movimientos financieros (tasa Tobin) propuestas por los países de la Unión Europea, el autor olvida que las fallas del mercado no son las únicas que se presentan en la economía.

Con mucha claridad, Cassidy demuestra que los mercados distan de operar de forma eficiente cuando el poder económico se concentra. Sale en defensa de la intervención del estado en la economía como única opción para corregir los desequilibrios.

Ninguna referencia se hace en el texto a los efectos perversos de la intervención pública. Pasa por alto Cassidy que, entre 1930 y 1980, el mundo vivió cincuenta años con multitud de medidas intervencionistas que llevaron a una explosión de proteccionismo, inflación y el desempleo.

Mucho énfasis se hace a las fallas del mercado que existen y requieren correctivos. Pero muy poco hablamos de las fallas del gobierno que son también múltiples. Las políticas públicas son objeto de la presión electoral, comodines para los grandes financiadores de las campañas políticas, propensas a fenómenos de corrupción e ineficiencia, pueden ser cooptadas por los sindicatos y otros grupos de presión. Creer que la opción es entre un mercado desenfrenado y un intervencionismo perfecto es, irónicamente, una falta de realismo.

Como buen escéptico y realista, dudo de la perfección. Hay fallas y fallas.

MIGUEL GÓMEZ MARTÍNEZ
Presidente de Fasecolda
migomahu@hotmail.com

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