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Miguel Gómez Martínez
Columnista

¿Fin de la fiesta?

La robusta reactivación que presenciamos permite que las medidas de contracción puedan adelantarse sin un efecto visible sobre la demanda agregada. 

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
noviembre 09 de 2021
2021-11-09 09:41 p. m.
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A medida que nos habituamos al virus, empezamos a asumir los efectos que la pandemia dejó en la economía. El primero de ellos es un inmenso desorden logístico que, sumado a los problemas de producción, ha perturbado seriamente varios mercados como el automotriz, los bienes durables y todos los sectores que requieren microprocesadores avanzados.

El otro legado de la pandemia es el retorno de la inflación. A lo largo del planeta los precios suben. Y lo más grave es que aumentan los energéticos, industriales y los de los productos básicos. Los consumidores empiezan a protestar pues el poder de compra se ve afectado y la reactivación no ha sido homogénea en todos los sectores productivos.

El regreso de la inflación parece cerrar el largo período de abundante liquidez que caracteriza la economía mundial desde la crisis financiera del año 2009. En ese entonces, para enfrentar el cuasi-colapso del mercado de crédito, los bancos centrales, al unísono, inyectaron colosales volúmenes de liquidez a la economía mundial. Esta expansión monetaria sin precedentes provocó un descenso de las tasas de interés a niveles incluso negativos, nunca vistos desde la Gran Depresión de hace noventa años.

Como resultado del atípico entorno monetario, las bolsas de valores y los negocios especulativos han tenido un largo período de bonanza. Las empresas, tanqueadas de liquidez, han dedicado billones de dólares a recomprar sus acciones para mantener sus precios a niveles sin ninguna relación con el valor real de las mismas. Salvo en el caso de la bolsa colombiana, nadie discute que los índices bursátiles reflejan una burbuja de inmensas proporciones que se encamina a una fuerte corrección.

Con extrema cautela, las autoridades monetarias a nivel mundial empiezan a cerrar la llave de liquidez. Incluso la Reserva Federal, temerosa de las consecuencias de un desinfle de la burbuja que más que nadie ha contribuido a crear, envía señales de que la fiesta se está acabando. Pero su margen de maniobra es estrecho pues debe conciliar el malestar creciente de la población con el aumento de los precios y la preocupación de un frenazo brusco en el ritmo de crecimiento que desemboque en una recesión.

En Colombia, el Emisor ha dado las primeras puntadas subiendo la tasa de intervención 75 puntos básicos en los últimos dos meses. Al mismo tiempo ha señalado que la recuperación de la economía es sólida revisando su proyección de crecimiento para el 2021 a un impresionante 9,8 por ciento.

La robusta reactivación que presenciamos permite que las medidas de contracción puedan adelantarse sin un efecto aún visible sobre la demanda agregada. Es importante recuperar el espacio perdido en materia de empleo pues, con una tasa de desempleo en 12,1 por ciento, sigue siendo demasiado alto.

La parranda de liquidez se acaba. Veremos cómo es el guayabo.

Miguel Gómez Martínez
migomahu@hotmail.com

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