Miguel Gómez Martínez
Columnista

¿Jorge es pobre?

Cuatro de cada cien colombianos viven con 1,90 dólares al día, equivalentes a $5.900. El gasto promedio mensual de un hogar es de 1’909.000 pesos.

Miguel Gómez Martínez
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Miguel Gómez Martínez
marzo 12 de 2019
2019-03-12 09:07 p.m.
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El último censo del Dane indica que la renta con la que vive el 40 por ciento de los colombianos de menor ingreso es de 4,24 dólares diarios, unos 13.150 pesos. Cuatro de cada cien colombianos viven con 1,90 dólares al día, equivalentes a 5.900 pesos. El gasto promedio mensual de un hogar es de 1’909.000 pesos. La pobreza es una realidad agobiante y su reducción debería ser el eje exclusivo de toda la acción estatal.

Pero la pobreza se ha convertido en la excusa para fenómenos que nada tienen que ver con ella. Los visitantes extranjeros perciben muchas cosas que para nosotros resultan normales. Se sorprenden con la importancia del fenómeno de mendicidad e informalidad, que es más elevado que en naciones con desarrollos muy inferiores al nuestro. En este aspecto nos parecemos a África. No hay un semáforo en Colombia sin mendigo o vendedor.

La pobreza no es un fenómeno homogéneo como no lo quieren hacer creer los apóstoles de la izquierda. Están aquellos que, sin formación ni oportunidades, tienen pocas expectativas de encontrar un empleo formal. También los que deberían recibir especial protección social por ser inválidos, enfermos, ancianos o incapaces. Esa es la verdadera pobreza que es producto de la elevada injusticia de esta sociedad.

Pero más allá de estos sectores de alta vulnerabilidad, la realidad de la pobreza es mucho más matizada. Conocí hace 30 años en un semáforo del Bulevar Niza a un niño simpático y alegre de unos 12 años, de nombre Jorge. A fuerza de pasar por el mismo lugar terminamos siendo conocidos. Desapareció unos tres años y luego regresó mucho mayor. Había estado en la cárcel por venta de estupefacientes. Ha vendido, en el mismo lugar, todo tipo de artículos de contrabando, frutas, bebidas, paraguas, sombreros, camisetas de la selección, juguetes. Hoy debe estar rondando los cuarenta años. Tiene dos hijos y un mujer que viven con él.

Hace poco tuve la oportunidad de hablar unos quince minutos mientras tomaba un descanso de su actividad. Le pregunté cuánto ganaba en un día normal, y dijo que unos 70 mil pesos. En un día bueno podían ser 100 mil. Nunca quiso un empleo formal “porque prefiere ser su propio jefe”. No trabaja los domingos ni los lunes por la mañana “porque nadie compra”. Su jornada empieza a eso de las 10 a. m. y termina a las 5 p. m. porque con “el trancón la gente se desespera y las ventas no son buenas”.

¿Jorge es pobre? Haciendo cálculos alegres debe sumar más de un millón y medio de ingresos mensuales. Es mucho más que el salario mínimo, no tiene jefe y trabaja a su ritmo. La actividad económica que desarrolla no genera mayor valor ni es indispensable. Suple necesidades que el comercio formal cumple asumiendo todos los costos de la legalidad. La pobreza es un drama humano. Pero la informalidad es una opción de vida en un país donde la ilegalidad es la norma y no tiene sanción social.

Jorge no es rico ni es clase media. Pero no es pobre. Su marginalidad le pasará la cuenta cuando entre en la vejez y no tenga pensión.

Pero para entonces será uno más del 70 por ciento de los colombianos en la misma situación.

Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
migomahu@gmail.com

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