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Miguel Gómez Martínez

La venganza de la geografía

No estudiar geografía es una carencia muy grande de nuestros ciudadanos. Lástima que sólo los bandidos entiendan la importancia de esta ciencia.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
septiembre 27 de 2022
2022-09-27 07:45 p. m.
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Vivimos en una época donde hemos escogido olvidar ciertos conocimientos. Es el caso de la historia, borrada de nuestros programas educativos por considerarla innecesaria. Lo mismo sucedió con el civismo, la ética, la filosofía y la geografía. Los jóvenes de hoy no saben de su pasado, no respetan nada, no tienen valores, no saben pensar y no tienen ni idea de dónde están parados.

La revancha de la geografía de Robert D. Kaplan (RBA Libros, Barcelona, 2013) es una maravillosa reivindicación de la importancia de esta olvidada ciencia. El autor se pasea por diferentes puntos del planeta y nos recuerda que la historia y la geografía están indisociablemente ligadas a muchos conflictos y tensiones geopolíticas. El territorio es un determinante central de la cultura de los pueblos.

Por ejemplo, la actual guerra entre Rusia y Ucrania se inscribe en la obsesión histórica de los gobernantes rusos por ser una potencia oceánica y romper el aislamiento que ha caracterizado parte de su pasado. La ambición rusa de consolidar salidas al Atlántico y al Mediterráneo está en la base de buena parte de las guerras europeas desde el siglo XVIII.

De igual forma, el expansionismo alemán hacia el oeste y el este es uno de los fundamentos de las dos guerras mundiales del siglo XX. Sin geografía, estos eventos no pueden ser entendidos cabalmente.

Más cerca de nosotros, la historia colombiana tiene un fuerte componente geográfico. Colonización, en otras palabras, expansión poblacional en un territorio, y violencia van de la mano.

Es imposible entender las zonas rojas de violencia sin dimensionar el elemento territorial. Las migraciones de antioqueños hacia el eje cafetero y el norte del Valle del Cauca, el valle del Magdalena medio y, en la segunda mitad del siglo XX a Córdoba y Urabá, permiten identificar zonas geográficas donde, aún hoy, subsisten factores de violencia. Son descendientes de colonos también los que hoy habitan Caquetá y Putumayo.

El control de piedemonte llanero y el Catatumbo por la guerrilla es estratégico para esos grupos. Para los narcos son vitales puertos como Tumaco y Buenaventura. Para todos los ilegales es fundamental el dominio de arterias fluviales como el Arauca, el San Juan o el Putumayo. La geografía adquiere, en este contexto de violencia e ilegalidad, una importancia vital. El control del territorio, que el Estado no ha sido capaz de asegurar sino de forma esporádica, explica la persistencia de la violencia en nuestro país.

Desconocer el papel de la geografía en la historia, la cultura y la prosperidad de un país es triste. Muchos de nuestros problemas y falencias de desarrollo son el resultado de haber ignorado las lecciones de la geografía.

No estudiar geografía es una carencia muy grande de nuestros ciudadanos. Lástima que sólo los bandidos entiendan la importancia de esta ciencia.

Miguel Gómez Martínez
migomahu@gmail.com

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