Miguel Gómez Martínez
Columnista

Lecciones danesas 

En Dinamarca no existe la dicotomía entre lo escrito en la Constitución y lo que se observa en la realidad. No legislan para satisfacer sus egos.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
junio 25 de 2019
2019-06-25 09:29 p.m.
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Con frecuencia utilizamos la frase según la cual en Colombia “legislamos para Dinamarca y no para Cundinamarca”. Pues la suerte me ha permitido conocer ese hermoso país y constatar que la de Dinamarca es una sociedad con tantos atractivos y sobretodo con muchas cosas que deberíamos aprender.

Tal vez la primera lección que se observa es que el país opera sólo. Parece como si todo estuviese programado y previsto. A diferencia de nuestra realidad, donde el congreso, los funcionarios, los políticos, los periodistas, los jueces y cualquier pelagato tiene ínfulas de gran legislador, en Dinamarca se percibe un ambiente de estabilidad. No es como en nuestro país donde todos se creen los salvadores de la Patria. Nada de eso se percibe en una sociedad como la danesa donde la gente se preocupa más por los temas fundamentales como el medio ambiente, la tolerancia y la calidad de vida.

Porque mientras nosotros teorizamos sobre todos los temas, ellos construyen una sociedad mejor. En lugar de estar buscando la mejor forma de ponerle la zancadilla al gobierno, respetan unos consensos básicos que les permiten tener una reglas de juego claras. No utilizan las instituciones como instrumentos de poder para obtener ventajas y perseguir a los enemigos políticos.

El Estado es neutro porque las leyes son para todos, cuando protegen pero también cuando castigan. ¡No en vano, en un famoso parque de diversiones en Copenhague se puede observar a niños jugando en los carros chocones que no golpean a los demás! Es un respeto que llevan por dentro, desde pequeños, y no se necesitan ni leyes ni policías para que las personas entiendan la validez del respeto de los demás.

Ellos han entendido que la seguridad es la base de la convivencia. No están, como nosotros, justificando todas las violaciones de la ley con argumentos simplistas y populistas como “la gente roba porque tiene hambre” o la “pobreza se resuelve quitándole a los ricos lo que han producido”. La equidad que se observa es producto del respeto de los derechos y no de la imposición de ellos a martillazos como queremos hacerlo desde las grandes cortes en Colombia. En Dinamarca no existe la enorme dicotomía entre lo escrito en la Constitución y lo que se observa en la realidad. No legislan para satisfacer sus egos sino para transformar la sociedad.

La diferencia fundamental entre la sociedad danesa y la cundinamarquesa es la ausencia de dobles mensajes. Mientras allá las cosas operan sobre la verdad, aquí lo hacemos alrededor de mentiras. Basta observar un debate del Congreso o escuchar un programa radial para poder apreciar la cantidad de agendas ocultas y ambivalencias que manejamos todos los días. Decimos una cosa y hacemos lo contrario; pensamos de una forma pero actuamos diferente. Lo nuestro es lo gris mientras en Dinamarca dominan los blancos y los negros.

Pero sin duda lo que hace nuestra situación más patética es que estamos orgullosos de nuestra forma de ser. Nos atrevemos a calificar a estas sociedades desarrolladas como “aburridas” o “sin gracia”. Pensamos que el desorden es positivo, la improvisación es genial, la impunidad y la falta de respeto nos parecen poco graves.

Es una ofensa decir que gobernamos para Dinamarca y no para Cundinamarca. Nada es menos cierto.

Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
migomahu@gmail.com

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