Miguel Gómez Martínez
Columnista

Llanto y crujir de dientes

Los que hoy aplauden los excesos de las políticas económicas deberían recordar que luego vendrán los tiempos del llanto y el crujir de dientes. 

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
abril 06 de 2021
2021-04-06 07:30 p. m.
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La noticia internacional es el lanzamiento, por el presidente Biden, de un programa de 2,25 billones de dólares de gasto para la reactivación. Para infraestructura se destinarán 620 mil millones de dólares, 650 mil millones para medio ambiente y tecnología de comunicaciones, 580 mil millones para la industria manufacturera, 180 mil millones para investigación y 400 mil millones de dólares para la población en la tercera edad. Los objetivos de esta ambiciosa iniciativa, que recuerda los programas de la Gran Sociedad del presidente Johnson en los años sesenta, recibieron calurosos aplausos de casi todos.

Pero la magnitud del descomunal esfuerzo debería también generar algunas preguntas. ¿Cómo se va a financiar? ¿Cuáles sectores deberán pagar el aumento indispensable de impuestos? ¿Cuál será el impacto sobre el ya exagerado endeudamiento de los Estados Unidos? ¿Cómo se estima u efecto sobre la inflación? ¿Cuáles son los sectores beneficiados por estos subsidios?

La pandemia ha tenido el efecto de romper los diques de la prudencia. Ni el mismo Keynes sostuvo que el déficit fiscal fuese neutro y no generase serios riesgos que debían ser tenidos en cuenta. Ni sus más ardientes seguidores se atrevieron a considerar que todo gasto público era bueno. Hoy los intervencionistas incluso alaban la imagen del “helicóptero lanzando billetes”, acuñada por su archienemigo Milton Friedman, y que ha sido el eje de las políticas económicas de Zimbawe o Venezuela. En pandemia todo vale.

En un mundo globalizado, lo que hacen los grandes países afecta a todos. El temor de una crisis mundial de la deuda pública, una realidad que deberíamos seriamente considerar, no parece preocupar a los que hoy justifican –con entusiasmo y una buena dosis de irresponsabilidad– políticas cuyos efectos pueden ser devastadores para la economía. A nadie parece preocuparle la emisión sin límites de la Reserva Federal ni el preocupante nivel de los desequilibrios fiscales ni la proliferación de todo tipo de subsidios que luego será imposible desmontar.

Incluso en Colombia hemos entrado en ese discurso que, en nuestro caso, se estrella con el muro de la pérdida de calificación, la posibilidad de problemas de financiación de la deuda y el escenario de una posible devaluación acelerada.

Pero los mercados financieros analizan lo que sucede y empiezan a mostrar señales de preocupación. Cualquier noticia genera nerviosismo y volatilidad. En el fondo, por mucho que queremos creer que estas medidas se justifican, sabemos que estamos creando unos desequilibrios que tendremos que asumir en un futuro cercano. Lo muestra la historia económica: el ajuste será proporcional al desequilibrio creado.

En economía toda decisión implica costos. No todo vale. Utilizando un lenguaje bíblico propicio, los que hoy aplauden con entusiasmo los excesos de las políticas económicas deberían recordar que luego vendrán los tiempos del “llanto y el crujir de dientes”.

Miguel Gómez Martínez
Presidente de Fasecolda
migomahu@hotmail.com

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