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Miguel Gómez Martínez
Columnista

Lo que sabemos

Hay cosas que sabemos, que deberían brindarnos algo de serenidad y seguridad. Concentrémonos entonces en algunas de la más importantes.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
mayo 18 de 2021
2021-05-18 07:30 p. m.
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Son tiempos de incertidumbre y de mucha ansiedad. Pandemia más crisis económica, más convulsión social parecen demasiado al mismo tiempo. Pero hay cosas que sabemos, que deberían brindarnos algo de serenidad y seguridad. Concentrémonos entonces en algunas de la más importantes.

No hay progreso con populismo. La historia y las estadísticas son implacables. No existe ningún país que opte por un gobierno populista que haya logrado mejorar de manera sostenible su nivel de bienestar.

No hay crecimiento con impuestos altos. Los tributos pueden mejorar temporalmente la inequidad, sobretodo si son bien gastados. Pueden hacer más fuerte al Estado. Pero, en el mediano plazo, terminan asfixiando el crecimiento económico. Países con altos niveles de presión fiscal tienen bajas tasas de crecimiento.

No hay ahorro sin austeridad. Parece obvio, pero no deja de ser cierto. El ahorro es un factor cultural que debe desarrollarse desde pequeño. La austeridad, de la que todo el mundo habla, pero muy poco se practica, debe impregnar desde los hogares hasta el gobierno pasando por las empresas.

No hay inversión sin confianza. Para invertir hay que tener un escenario donde los riesgos puedan ser estimados de forma razonable. La confianza, cuando se pierde, tarda mucho tiempo en recuperarse.

La confianza en el futuro, en la justicia y en la política, son enormes activos para estimular la inversión.

No hay equidad sin propiedad. Una sociedad adquiere madurez cuando sus ciudadanos son propietarios. La propiedad es el resultado del trabajo y el ahorro, que son virtudes que debemos proteger y estimular.

No hay equidad sin propiedad. Una sociedad adquiere madurez cuando sus ciudadanos son propietarios. La propiedad es el resultado del trabajo y el ahorro, que son virtudes que debemos proteger y estimular.

No hay paz sin justicia. El fracaso del proceso de paz de Santos reposa en la idea de que la impunidad es el precio que debemos pagar para que algunos renuncien a la violencia. Es enorme error creer que paz y justicia pueden ser antinómicos.

La paz no es sino resultado de la justicia. No hay futuro sin seguridad. La seguridad, afirmaban los romanos, es la primera ley de la república. No es cierto que la seguridad tenga que ver con la educación, el nivel de vida o la cultura. La seguridad es el resultado de la capacidad que tenga el Estado de hacer respetar la ley.

Está relacionada con el ejercicio de la autoridad, algo muy diferente del uso de la fuerza. Si la autoridad es respetada, las leyes se cumplen y el ciudadano es libre de la inseguridad.

No hay prosperidad con corrupción. Hemos aceptado que la corrupción es inevitable y, en muchos casos, la consideramos como un mal menor. Resulta que la tolerancia a la corrupción rompe la estructura moral de una sociedad pues implica aceptar que lo público, lo es de todos, no merece respeto. No existe una justa proporción de corrupción.
Ojalá, Colombia, mareada por tanta tensión, no olvide estas verdades y certezas.

Miguel Gómez Martínez
Presidente de Fasecolda.
migomahu@gmail.com

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