Miguel Gómez Martínez
Columnista

Olafo

No creo que Joe Biden sea el líder que necesita esa gran nación para superar su crisis. Porque la crisis es estructural y no coyuntural.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
enero 19 de 2021
2021-01-19 07:30 p. m.
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Nunca me gustó Donald Trump, ni antes ni durante su presidencia. No lo digo ahora que está en su peor momento. Lo dije en esta misma columna hace cuatro años (Trump y Clinton, octubre 5 de 2016). En ese artículo llegaba a la conclusión de que ninguno de los candidatos, Hillary Clinton y Donald Trump, le ofrecía una buena perspectiva a los Estados Unidos.

“La democracia más importante del mundo debe escoger entre un fantoche sin criterio y una mujer mentirosa sin escrúpulos”, dije entonces y creo que tenía razón.
Nunca me gustó su estilo agresivo, su creencia en que el dinero es lo único que importa, su forma de expresarse, su incultura y su falta modales.

No me gustó su gobierno, su utilización obsesiva de las redes que hoy le han dado la espalda, su visión del mundo y sus claros abusos de poder. La idea de que un empresario agalludo era la respuesta que necesitaba Estados Unidos me pareció siempre equivocada.

Dicho lo anterior, discrepo de mis amigos liberales que creen que el problema se resuelve con la salida de Donald Trump del poder. No creo que Joe Biden sea el líder que necesita esa gran nación para superar su crisis. Porque la crisis es estructural y no coyuntural.

Biden es un político de toda la vida cuyo mayor mérito es haber sido vicepresidente de Obama, ése si una figura importante y carismática. La hoja de vida de Biden es gris, sin lustre ni grandes realizaciones, a pesar de haber pasado 36 años en el Senado.

Porque el problema es mucho más serio. Al igual que en todas las democracias del planeta, en Estados Unidos la polarización ha venido aumentando desde hace décadas.
El Olafo que lideró la toma del Congreso es la imagen del profundo descontento contra la clase política y las élites que dicen encarnar “el espíritu de la Nación”.

La idea de que Washington es un círculo de intereses luchando por imponer sus privilegios es compartida por millones de ciudadanos. No olvidemos que 73,6 millones de estadounidenses votaron por Trump, una cifra impresionante, y que habría sido reelecto fácilmente sin la pandemia. No es el mérito del carisma o del programa de Joe Biden.

Pero tal vez mi inquietud más grande tiene que ver con el papel de los medios de comunicación en el largo deterioro de la calidad del sistema político estadounidense.
Al igual que en todo el mundo, las redes sociales se han convertido en los principales modeladores de la opinión pública. Los medios tradicionales han intentado competir con ellas tratando de imitarlas en lugar de diferenciarse de su superficialidad y vulgaridad.

En su desespero, abandonaron el análisis, la ponderación y la búsqueda de la verdad. Cayeron en la misma politización adoptando versiones en blanco y negro y, sin quererlo, reforzando el populismo que decían combatir. Y lo sabemos bien, sin una prensa de calidad, no hay democracia que sobreviva.

La crisis de la primera democracia del planeta requeriría un gobierno que vuelva a levantar el tono moral de la política y elevar la legitimidad de las instituciones .

Miguel Gómez Martínez
Presidente de Fasecolda
migomahu@hotmail.com

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