Miguel Gómez Martínez
Columnista

Pandemia populista

Cuando la mediocridad se adueña de la clase política, proliferan los profetas del bienestar sin sacrificio.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
junio 22 de 2021
2021-06-22 08:30 p. m.
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En esta marea populista que arrasa en Colombia no se está salvando casi nadie.
Hay populismo en los actores tradicionales de la protesta como el sindicalismo, la juventud y las ONGs.

Llevan décadas pidiendo lo imposible porque saben que no tienen que gobernar. Es fácil hacer populismo cuando no se asumen responsabilidades efectivas.

Hay populismo en la mayoría de los medios que, obsesionados por la agenda de las redes, compiten desaforadamente en amarillismo y superficialidad.

En lugar de cumplir su papel de análisis se convierten en cajas de resonancia de cualquier propuesta que ocupe los primeros puestos de las tendencias en los celulares.

Hay populismo en todos los partidos políticos que promueven proyectos de ley inconvenientes y peligrosos. A la izquierda, siempre propensa a esta forma de actuar, le ha salido una fuerte competencia de liberales, conservadores y del Centro Democrático que buscan acomodarse en la fiesta populista.

Hay populismo incluso en entidades que deberían brillar por su seriedad como las iglesias, centros de pensamiento y la academia. Todo el mundo quiere congraciarse con el ambiente actual de irresponsabilidad. No importan las consecuencias futuras de las propuestas.

Los que creen que es con populismo que se frena la llegada de los populistas al poder cometen un enorme equivocación.

La historia ha demostrado que el populismo actúa como una droga que produce alegría inicial y que destruye el futuro. Pero lo peor es que los electores saben que quienes no deberían ser populistas, pero proponen iniciativas de esa naturaleza, lo hacen por oportunismo.

Cuando venga el momento de votar lo harán por los populistas auténticos. Los populistas de la última hora se quedarán “con el pecado y sin el género”, como reza el refrán popular.

La ventaja del populismo, que ya existía en la Grecia y Roma antiguas, es que está estudiado en detalle. Los populistas proliferan en todos los sistemas políticos y en todas las ideologías. Los hay dictatoriales y democráticos; de derecha, centro e izquierda. Ha habido en el hemisferio norte y en el sur; en el este y el oeste. Hasta los alemanes han sido propensos a esta enfermedad.

El populismo es siempre resultado de una crisis de liderazgo. Cuando la mediocridad se adueña de la clase política, proliferan los profetas del bienestar sin sacrificio.

Los discursos se llenan de lugares comunes, ideas simplistas y manipulaciones dialécticas.

Los populistas se hacen los sordos frente a los argumentos que advierten la insostenibilidad de sus propuestas. En el fondo intuyen el peligro, pero los obsesiona la conquista del poder.

Lo triste de todos los populismos es que el mismo pueblo sabe que lo están engañando. El final de la historia es siempre el mismo: los pobres, que creyeron en la mentira, son los más castigados por el colapso inevitable del modelo.

Miguel Gómez Martínez
Presidente de Fasecolda
migomahu@hotmail.com

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