Miguel Gómez Martínez
Columnista

Pausa

El año parece haber entrado en una pausa mientras entendemos y proyectamos las consecuencias de la expansión del virus. 

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
marzo 17 de 2020
2020-03-17 10:55 p.m.
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A medida que se instala el miedo por la expansión del Covid-19, estamos entrando en una coyuntura sin precedentes. Las redes, un producto de la globalización, están destrozando la globalización. Nos habíamos acostumbrado al mundo interconectado, donde las distancias se acortaban y los vínculos se estrechaban. El virus ha venido desmontando, de forma veloz, los supuestos sobre los que habíamos construido la sociedad. Ahora, mientras más lejos y aislados estemos, más seguros nos sentimos.

De la noche a la mañana, los cimientos de la economía tambalean. La movilidad, que era una fortaleza, se transforma en una amenaza. El turismo, tan promovido y estimulado, es una actividad peligrosa. El petróleo se vuelve superabundante en una economía cuya necesidad de energía se desploma por las restricciones impuestas por los gobiernos. Improvisamos el teletrabajo en modelos productivos que, salvo contadas excepciones, no están preparados para ello. La manufactura y las cadenas logísticas serán las más perturbadas. La productividad se resentirá mientras nos ajustamos a esta nueva manera de trabajar.

Seguro aparecerán beneficios de estos cambios impuestos a toda prisa. Descubriremos que podemos prescindir de muchas reuniones innecesarias y aprenderemos a trabajar con parámetros más ágiles y sin tantos protocolos. Ya en China e Italia experimentan una mejora de los indicadores ambientales. Las familias, descuidadas por las prioridades del materialismo, volverán a reencontrarse en medio de un aislamiento forzado. Vamos a valorar cosas que dábamos por seguras y que ahora no podemos disfrutar como ir a espectáculos públicos o compartir actividades en grupo. La vida sin fútbol, básquet y casi todos los deportes será extraña.

Pero esta nueva coyuntura también traerá consecuencias negativas. Hay una evidente xenofobia donde queremos salvarnos sin entender que, por su naturaleza, una pandemia necesita que todos actuemos de forma sincronizada. Hay desinformación y manipulación de la verdad y la ciencia parece desbordada por los hechos mientras los gobiernos intentan evitar lo que parece inevitable. Hay en esta impotencia de los estados y la ciencia una dura lección sobre los límites del poder y del conocimiento. Hemos regresado a los remedios de abuela de mantenerse hidratado y lavarse las manos.

No parece ser el momento de hacer cuentas y evaluar el impacto de lo que está sucediendo. Las pérdidas serán colosales como ya lo experimentan sectores como el transporte aéreo. El comercio electrónico tendrá un repunte mientras el tradicional sufrirá. Habrá sin duda algunos ganadores, pero serán muchos más los perdedores. Los mercados reflejan el nerviosismo de lo desconocido. Y la política económica se reduce a mantener una abundante liquidez en la esperanza de evitar mayores daños al crecimiento.

El año parece haber entrado en una pausa mientras entendemos y proyectamos las consecuencias de la expansión del virus. Hay que vivir día a día evaluando lo hechos como se presentan. Proyectar y pronosticar lo que no tiene precedente es inútil pues no hay parámetros válidos.

Coletilla: Buenas y oportunas las medidas del Emisor. Nuestro modelo de flotación de la tasa de cambio requiere más liquidez en estos momentos de tensión extrema.

Miguel Gómez Martínez
Presidente de Fasecolda
migomahu@gmail.com

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