SÁBADO, 13 DE ABRIL DE 2024

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Miguel Gómez Martínez
OPINIÓN 

Perú: un país serio

Una democracia puede prescindir de casi todo excepto de ciudadanía activa que, apoyada en los medios de comunicación, defienda el interés colectivo.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez

Puede parecer contradictorio, pero Perú es un país serio, como lo es Italia. Son naciones que pueden avanzar y generar riqueza sin gobierno.

Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Francisco Sagasti, Manuel Merino y Pedro Castillo son los últimos en la larga lista de mandatarios peruanos salpicados por escándalos.

Algunos han estado en el poder tan sólo algunos días o semanas. No hay que olvidar el suicidio del cuestionado Alan García y la clara evidencia de que Alejandro Toledo y Ollanta Humala fueron salpicados por el escándalo de Odebrecht.

¿Cómo puede entonces catalogarse a Perú e Italia como países ‘serios’? Basta mirar las cifras económicas para constatar que, al igual que Italia, han prescindido del gobierno como eje motor de la sociedad.

Lo importante son los empresarios, los informales, los que trabajan generando crecimiento y prosperidad.

Italia sigue siendo una potencia industrial a pesar de su sistema político poco funcional.

Perú es un país que ha mejorado, de forma notable, en las últimas décadas a pesar de la pobreza y corrupción de su liderazgo político.

En muchos aspectos su crecimiento es mucho más meritorio que el de Chile pues se hace sin el colchón de ingresos que representa el cobre.

Ya quisiera Colombia, con todos sus recursos naturales, tener la diversidad de exportaciones agroindustriales de Perú.

Quisiéramos tener su atractivo turístico y la estabilidad de su moneda. Quisiéramos tener su gastronomía, una de las más novedosas del mundo.

Quisiéramos haber podido derrotar el terrorismo y la guerrilla como ellos lo hicieron.
Pero, sobre todo, ya quisiéramos tener la capacidad de tumbar gobiernos ineptos y corruptos como los que hemos tenido.

Perú ha demostrado que, en América Latina, la corrupción y la ineficiencia no tienen color ideológico.

Roban los de derecha como Kuczynski o los de izquierda como Castillo; los cholos como Toledo y los populistas como Humala.

Pero el pueblo, la prensa y el Congreso los persigue y acosa. Renuncian en golpes de opinión que no son golpes de Estado.

No es el Congreso colombiano siempre dispuesto a venderse por migajas de puestos y contratos.

Algunos afirmarán, con razón, que el problema de Perú es el pueblo que elige bandidos e ineptos. Es cierto, pero no es la única democracia en la que sucede, ni el único país que tiene una crisis de liderazgo.

Basta mirar lo que sucede en las democracias más desarrolladas para apreciar un fenómeno similar.

Una democracia puede prescindir de casi todo excepto de ciudadanía activa que, apoyada en los medios de comunicación, defienda el interés colectivo. Ningún poder, por fuerte y corrupto que sea, es más poderoso que un pueblo consciente de sus derechos y dispuesto a ejercerlos.

En Perú el pueblo se equivoca al escoger sus gobernantes. Pero los saben sacar. En eso nos llevan mucha ventaja.

Miguel Gómez Martínez
migomahu@gmail.com

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