Miguel Gómez Martínez

Política macro, país micro

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
marzo 27 de 2013
2013-03-27 05:42 a.m.
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Hay grandes críticas a la baja ejecución del Gobierno Nacional. Los ejemplos abundan desde la reconstrucción de las zonas afectadas por el invierno del año anterior, pasando por Gramalote o las obras de infraestructura que siguen sin arrancar. Esta semiparálisis de la acción gubernamental es el resultado de la crisis institucional que el país ha venido incubando desde hace décadas.

Se suma a esta circunstancia una descentralización con fuertes tintes de corrupción, la ausencia de una verdadera planeación y la debilidad de los instrumentos de control y sanción. Por ello, las obras tardan años en iniciarse y más tiempo en concluirse. Las interventorías no funcionan, el mantenimiento preventivo es un concepto ausente y la proyección de crecimiento es insuficiente. Las obras públicas se quedan pequeñas antes de que sean inauguradas, al poco tiempo están en un estado lamentable, y siempre son soluciones parciales y temporales. El caso del terminal aéreo del Bogotá es, tal vez, un ejemplo perfecto de por qué el país progresa de manera tan lenta.

Al analizar la raíz de esta circunstancia, llegamos a la ruptura entre lo micro y lo macro. El Gobierno cree que anunciando programas e iniciativas logrará mantener la dinámica de crecimiento. Diseña desde lo macro y se olvida que este es un país micro. Al anterior mandatario se le criticó hasta la saciedad su interés por los pequeños asuntos de interés para la ciudadanía. Los consejos comunitarios eran una interminable exposición de temas locales que encontraban, en mayor o menor medida, la atención de un gobierno siempre juzgado como lejano y centralista. Para muchos colombianos, era una ocasión para ver de cerca de un gobierno cuya presencia siempre fue esporádica y superficial.

Mientras el Gobierno habla de locomotoras, en las regiones la gente espera soluciones para problemas micro como el cupo para el acceso al colegio o el empleo para el familiar.

Mientras el Gobierno firma tratados comerciales con naciones lejanas, los colombianos quieren la pavimentación de su calle o el pago de las facturas de servicios públicos. Mientras el Gobierno habla de atracción de inversión extranjera, a nivel local los proyectos patinan por los intereses de los políticos de aceitar sus redes de corrupción. Mientras hablamos de modernidad, el país es, a nivel regional, una estructura feudal donde los caciques siguen definiendo el futuro de muchos.

La desconexión entre lo micro y lo macro es la esencia de la crisis en el aparato estatal. En el nivel central creen que basta con fijar políticas para que los programas se ejecuten. A nivel micro, el ciudadano está resignado a que el Estado no responde a sus necesidades, y por ello ha adoptado la posición de esperar lo mínimo y contentarse con cualquier cosa. No pedimos ni vías, ni educación de calidad, ni mucho menos un sistema judicial que opere decentemente. Nos basta con que tapen la alcantarilla, recojan la basura y llegue la señal de televisión.

Si el Gobierno quiere mejorar sus índices de ejecución, tiene que aprender a conciliar sus sueños de grandeza macro con las aspiraciones micro de la población.

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