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Miguel Gómez Martínez
Columnista

Recurso desaprovechado

Este gobierno acertadamente entiende que las cooperativas son formas que concilian espíritu empresarial y equidad. No perdamos más tiempo.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
septiembre 20 de 2022
2022-09-20 10:28 p. m.
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La estructura económica colombiana se caracteriza por tener millones de muy pequeñas unidades productivas. La encuesta de micronegocios del Dane (Emicron) del 2021 contabilizó 5,7 millones que se desarrollan en todo tipo de actividades comerciales, industriales, artesanales, agropecuarias y de servicios. Están localizados en todo el territorio y corresponden a una parte muy significativa del tejido económico del país.

Micronegocio es una “unidad económica con máximo 9 personas ocupadas que desarrolla una actividad productiva de bienes o servicios, con el objeto de obtener un ingreso, actuando en calidad de propietario o arrendatario de los medios de producción”.

A pesar de su pequeño tamaño, son negocios con el concepto básico de la empresa pues operan con herramientas propias, tienen clientela y cuentan con algún tipo de seguimiento contable. El Dane estima que, dentro del universo que constituye la Economía No Observada (ENO), se genera 24% de la producción nacional y 30% del valor agregado. A pesar de su resistencia admirable, los pequeños productores están en condiciones de vulnerabilidad. Son muy afectados por los ciclos recesivos pues dependen de la dinámica local que a su vez se ve afectada por el ritmo de las cosechas, el clima, las temporadas turísticas o las particularidades productivas regionales.

Los micro y pequeños necesitan asociarse para poder progresar. Existen diversas modalidades en las que estos productores pueden beneficiarse de sinergias y economías de escala para crecer.

En ningún sector es más necesaria la asociatividad de los pequeños que en el agropecuario. Existen múltiples ejemplos de cooperativismo agropecuarios exitosos en Alemania, Francia, Italia o Canadá donde los productores del campo se asocian para crecer. Son negocios enormes y prósperos que han permitido mejorar el ingreso de los cooperados, incrementar la productividad y lograr innovación tecnológica.

El nuevo gobierno, a través del Ministerio de Agricultura, buscará la modernización de los pequeños productores agropecuarios en dos grandes direcciones: conectividad y asociatividad.

El cooperativismo agropecuario es un recurso desaprovechado que hay que repotenciar. Este modelo tiene grandes beneficios porque fortalece la capacidad productiva, mejora la comercialización, facilita la tecnificación y permite reducir los costos mediante mayores volúmenes de negociación.

Los modelos cooperativos generan institucionalidad y disminuyen la dependencia de los siempre escasos recursos públicos generando productores más independientes y autónomos. Hay un fortalecimiento del tejido humano local que permite superar la pobreza que caracteriza la ruralidad. El cooperativismo ha sido un gran olvidado de los últimos gobiernos, siempre generosos en elogios y tacaños en medidas para estimularlo.

Por su parte, los cooperativistas tienen pendientes una modernización de su pensamiento, organización y su liderazgo. Hay demasiadas cooperativas financieras y muy poco dinamismo en las del sector real. Este gobierno acertadamente entiende que las cooperativas son formas que concilian espíritu empresarial y equidad. No perdamos más tiempo.

Miguel Gómez Martínez 
migomahu@gmail.com

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