Miguel Gómez Martínez
Columnista

Roberto Junguito Bonnet

Su prestigio era tan elevado que su llegada a los cargos generaba la confianza que hacía posible los programas de ajuste más dolorosos.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
enero 05 de 2021
2021-01-05 07:30 p. m.
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El fin de año nos trajo la muy triste noticia del fallecimiento de Roberto Junguito Bonnet. A esta gran figura de la economía le debe mucho el país. En dos ocasiones (1985 y 2002) asumió la cartera de Hacienda para salvar a Colombia de la crisis de pagos.

Su prestigio nacional e internacional era tan elevado que su llegada a los cargos generaba, de manera inmediata, la confianza que hacía posible los programas de ajuste más dolorosos. Ni siquiera los parlamentarios se atrevían a atravesarse a sus medidas. Lograba en poco tiempo enderezar las variables claves y luego se retiraba para regresar a sus pasiones: la investigación y la escritura.

Siempre fue de una gran cordialidad y amabilidad conmigo. Era muy cercano a mi tío Álvaro Gómez con quien iba a cenar la noche que fue asesinado. Gómez tenía una sincera admiración por este hombre del que elogiaba su inteligencia y con el que consultaba temas de economía. Conservadores los dos, los unía el amor por la historia y la creencia en la ortodoxia económica.

Tengo con Roberto Junguito dos anécdotas muy significativas para mi. Cuando fui designado presidente de Bancoldex, él era miembro de la Junta Directiva del Banco de la República. A los pocos días de posesionado me llamó por teléfono y, luego de las protocolarias frases de felicitación, me preguntó cuánto tiempo pensaba quedarme en la presidencia del banco. Le respondí que el período del presidente era de tres años renovables. Volvió a preguntarme si me iba a quedar un tiempo en la presidencia y le respondí que mi intención era la de quedarme, de ser posible, dos mandatos. Intrigado le pregunté por qué estaba preocupado por ese tema y me respondió: “Miguel, usted es un tipo serio y honesto. Sé que no hará ninguna locura. Yo tengo unos bonos de Bancoldex. Si usted se va a quedar yo no los vendo y me quedo con la inversión”. Sorprendido le contesté: “Duerma tranquilo que aquí cuidaremos el banco”.

El voto de confianza de una persona de esa estatura fue para mi muy significativo. Me correspondió dirigir el Banco en medio de la peor crisis financiera de la historia de Colombia (1999-2002), logrando mantenerlo sano y en crecimiento.

Años después, cuando era Representante a la Cámara, desayunamos en el Club El Nogal. Yo estaba muy distanciado de Juan Manuel Santos que había traicionado el mandato popular recibido en las urnas.

Me preguntó por mis proyectos y me insistió mucho en que perseverara en la política. Estaba sinceramente preocupado por la decadencia del partido y de las ideas conservadoras. Quería que hubiese más liderazgos conservadores en la vida pública.

Como él, fui embajador en Francia. En la Embajada recordaban la capacidad de asumir sus funciones mientras simultáneamente escribía un libro sobre temas de historia económica que le apasionaban.

Hoy soy el presidente de Fasecolda, el gremio del sector asegurador del que fue presidente. En la Federación dejó huella por su inteligencia y el entusiasmo académico con el que abordaba los temas sectoriales.

Se fue un grande. Hará mucha falta.

Miguel Gómez Martínez
Presidente de Fasecolda
migomahu@hotmail.com

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