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Miguel Gómez Martínez

Rumba de liquidez, guayabo inflacionario

Hoy la inflación... invade a todos ... ya es tarde porque, para controlar la fiebre inflacionaria, tendremos que pasar por una dura recesión.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
agosto 03 de 2022
2022-08-03 12:13 a. m.
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Lo dijo el premio de economía Nobel, Milton Friedman, hace cincuenta años: “la inflación es como el alcoholismo. Beber mucho es como imprimir demasiado dinero. Los efectos de beber y de emitir son inicialmente positivos, pero luego se tornan desastrosos”.
Bueno, llevamos a nivel mundial veintitrés años con políticas monetarias laxas, inundando de liquidez las economías y disfrutando bajos niveles de tasas de interés sin preocuparnos por los precios.

Todo inició a finales del siglo pasado cuando estalló la que se denominó ‘burbuja de los puntocom’. Las bolsas, que se habían entusiasmado con internet, creyeron que sería una mina de oro rápida. Hacer dinero en la red resultó muy difícil y la descolgada de los precios de esos emprendimientos fue acelerado. Además, coincidió con los problemas de pago de Rusia y algunas economías del sureste asiático.

Para evitar que se agravara la crisis, la Reserva Federal inyectó masivamente recursos y logró bajar, de forma acelerada, la tasa de interés. El mundo respiró tranquilo.
Pocos años después se vieron las consecuencias. El bajo costo del dinero estimuló al sector financiero mundial a especular de forma agresiva. En el 2008, el modelo hizo crisis y rozamos una crisis sistémica de la banca a nivel internacional. Nuevamente las autoridades monetarias aplicaron el mismo remedio. Monumentales inyecciones de liquidez, conocidas con el elegante apelativo de quantitative easening, nos salvaron del abismo.

El mundo se acostumbró a vivir dopado de liquidez, con impacto positivo sobre la valorización de la renta variable y el apalancamiento excesivo impulsado por las bajas tasas de interés. El dinero pasó a ser uno de los activos más baratos del mundo. Los inversionistas buscaban afanosamente inversiones para colocar los excesos de liquidez disponibles.

Llegó la pandemia y el mundo se paralizó. La respuesta natural fue inyectar liquidez, llevar las tasas de interés a niveles negativos y disparar el endeudamiento público. Todos hicieron lo mismo y muchos no tenían la capacidad de seguir cargando el bote. Superada la pandemia regresamos a una cierta normalidad, pero muchos circuitos de la economía no han podido aún estabilizarse. No volvimos a lo mismo de antes.

Hoy la inflación, que estaba limitada a países fallidos como Argentina, Zimbabwe o Venezuela invade a todos. Europeos y estadounidenses no pueden creer ni aceptar que se acabó la larga parranda y llega el guayabo. Es el momento de arrepentirse y prometer no volver a caer en los excesos. Pero ya es tarde porque, para controlar la fiebre inflacionaria, tendremos que pasar por una dura recesión.

También lo dijo Friedman: “cuando se trata de curarse de la inflación, el orden de los efectos se invierte. Si dejas de beber o emitir dinero, los efectos dolorosos vienen primero y luego llegan los buenos. Por eso es difícil persistir en la cura”.

Miguel Gómez Martínez
migomahu@gmail.com

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