Miguel Gómez Martínez
columnista

Un costo inaceptable

La evidencia fáctica contra Santrich es aplastante, pero la JEP la desestima.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
mayo 21 de 2019
2019-05-21 09:26 p.m.
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La paz no tiene precio, pero tiene costos. Y todos se pueden justificar, salvo uno: haber aceptado que el narcotráfico tenía vía libre porque era imposible separar a las Farc del negocio de la droga.

Santos, en su obsesión por obtener el nobel, prefirió tolerar la explosión de los cultivos de hoja de coca, mientras se desarrollaba el eterno proceso de negociación. Sabía que si la Fuerza Pública continuaba luchando contra el flagelo, quedaría en evidencia que las Farc eran un cartel más de la producción, lo que generaría críticas y temores en el exterior.

Su proceso de paz quedó marcado de ese pecado original y hoy está en peligro porque la izquierda, la JEP y el santismo quieren que el país acepte que el narcotráfico es un costo asociado de la paz que firmaron. Para ellos, si el país lucha contra la producción de drogas, la paz es imposible porque los vínculos y los territorios donde las Farc tienen sus zonas de influencia están totalmente consagrados al narcotráfico.

La inmensa mayoría de la opinión pública, sus instituciones, Estados Unidos y las naciones consumidoras, saben que ello implica entregar el país al narcotráfico.

El caso de Santrich es la demostración, al más alto nivel, de los estrechos vínculos que la guerrilla tuvo con los carteles mexicanos de la droga. La evidencia fáctica contra Santrich es aplastante, pero la JEP la desestima porque sabe que la mayoría de los grandes cabecillas de las Farc también tenían nexos con el negocio. Si se acepta que uno de ellos sea extraditado se corre el riesgo de que los otros decidan no someterse a la jurisdicción con el argumento de que lo pactado en La Habana era la impunidad en Colombia y no el castigo severo de la justicia estadounidense. Además, es posible que uno de los extraditados confirme los vínculos estructurales de la guerrilla con el narcotráfico, lo que desenmascararía una de las facetas ocultas del acuerdo de paz.

Era evidente que en el acuerdo de paz había dos eslabones débiles: reparación de víctimas y erradicación. Las víctimas de la guerrilla son desconocidas e ignoradas por quienes ven en ellas un factor que perturba a las Farc. En cuanto al tema del narcotráfico, las Farc no adquirieron ningún compromiso en la lucha contra la droga. Inexplicablemente, el Estado aceptó que era su responsabilidad exclusiva. Tampoco cumplieron con entregar las rutas y colaborar con la justicia en desmantelar sus estructuras de narcotráfico. Cada día es más evidente que las ‘disidencias’ son las ramas narcotraficantes de las Farc, que siguen operando en asocio con sus viejos socios de la criminalidad.

El santismo quiere que aceptemos que la paz implica el narcotráfico. Creen que nuestra democracia puede sobrevivir con el narcotráfico que, según ellos, es un problema de mercado creado por los imperialistas. No quieren reconocer que el acuerdo fue un evento mediático que no tenía las condiciones coercitivas para que Colombia recuperara la seguridad y hubiera verdadera justicia. El problema es que nuestro país no es viable con el nivel de narcotráfico que asumimos para lograr la firma de La Habana. Así no lo quieran las Farc y la izquierda, con narcotráfico no es posible la paz, ni la democracia ni Colombia.

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