Miguel Gómez Martínez
columnista

Viacrucis

Tardé en recorrer la distancia que hay entre Ibagué y Cajamarca (33 kilómetros) 8 horas y 52 minutos con
un promedio de velocidad de 3,9 K/H.

Miguel Gómez Martínez
POR:
Miguel Gómez Martínez
marzo 30 de 2021
2021-03-30 07:30 p. m.
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Una de las nociones económicas más complejas es el concepto de competitividad. Es la capacidad que tiene una economía de conquistar exitosamente un mercado. Para ello se requiere dominar una gran cantidad de aspectos que inician con el precio, volumen y calidad de los bienes y servicios que producimos.

Pero hay muchos otros elementos que van desde el nivel tecnológico, las cadenas logísticas, la estabilidad del abastecimiento o las tendencias de los patrones de consumo por no mencionar sino algunos de los más significativos. Explicar esta complejidad en un salón de clase o desde un puesto de responsabilidad pública no resulta nada sencillo.
Los empresarios saben la dificultad que es ser competitivo en mercados cada vez más dinámicos.

Pude apreciar con claridad meridiana por qué Colombia no compite. Adoro el eje cafetero que creo es uno de los edenes del mundo. Decidí viajar por tierra entre Bogotá y Armenia.

Previendo el pesado tráfico de Semana Santa lo hice el jueves antes del período de vacaciones. Son 275 kilómetros por carretera.

Estimé 7 horas con un tiempo para una obligatoria parada técnica. El resultado nos indica el problema de competitividad nacional.

El promedio que mentalmente calculé arroja una velocidad de 39,3 kilómetros por hora, la mitad de lo que debería ser si respetase el absurdo límite máximo de velocidad establecido por el Código de Tránsito que es de 80 kilómetros por hora.

Para no entrar en más detalles, tardé en recorrer la distancia entre Ibagué y Cajamarca (33 kilómetros) 8 horas y 52 minutos con un promedio de velocidad de 3,9 kilómetros por hora.

De Cajamarca a un lugar denominado La Paloma, en la base de la subida al alto de La Línea, otras 3 horas y 28 minutos para recorrer unos doce kilómetros adicionales. La causa de todo este desastre: un derrumbe que había estrechado un tramo de menos de 50 metros de carretera.

Durante esas eternas horas de inmovilidad estuve rodeado de miles de tractomulas que mueven el Producto Interno Bruto del país entre el centro y sur del país. Billones de pesos inmovilizados. Millones de horas perdidas porque seguimos sin entender la importancia de la infraestructura.

Además otro trancón me esperaba en Calarcá a las 4 a.m. Durante las quince horas que estuve en mi viacrucis, intenté sin éxito, cuando había señal, comunicarme con el Invías o la policía de tránsito. No vi un solo policía intentando ayudar en ese caos.

El personal de la concesión indolentemente veía pasar los camiones como si el problema no fuera su responsabilidad. Lo único que funcionaba con eficiencia era el peaje.
Dirán que soy un personaje negativo que no valoro el túnel que hicimos en la cúspide de la cordillera y que ya opera. Digan lo que quieran. Así no seremos nunca competitivos.

Miguel Gómez Martínez
Presidente de Fasecolda

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