Nicola Stornelli García
análisis

El niño sicario o un Estado fallido

Tenemos muchas tareas y la más importante es atender a los niños y jóvenes, brindándoles las herramientas para salir de la pobreza y la violencia.

Nicola Stornelli García
POR:
Nicola Stornelli García
mayo 02 de 2019
2019-05-02 07:52 p.m.
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Hace diez años, en diciembre del 2009, me publicaron un artículo en eltiempo.com titulado ‘Yo quiero ser El Capo’, que era una crítica a los medios de comunicación, en general, y particularmente a las grandes cadenas de TV que han convertido a los capos del narcotráfico y sus estilos de vida en un modelo, al repetir sus andanzas en telenovelas de pésimo gusto. Una cosa es contar o recrear la historia y otra es convertir en íconos de la sociedad a quienes tanto mal le han a hecho a nuestra sociedad. Ese artículo lo escribí al escuchar a un niño de diez años querer emular al protagonista de la mencionada telenovela.

El próximo 30 de abril se cumplen 35 años del asesinato de Rodrigo Lara Bonilla a manos de un jovenzuelo de apenas 18 años cumplidos, Byron de Jesús –que ironía– Velásquez Arenas. El país se asomó a la cruenta realidad de los jóvenes y niños sicarios en esa infausta jornada. En novelas como Rosario Tijeras, No nacimos pa’ semilla o La Virgen de los sicarios se ha recreado ese mundo de pandillas de jóvenes que, tristemente, a muy temprana edad ingresan a la delincuencia.

El 30 de marzo del presente año, el país se enteró que un niño de 14 años, ¡síI!, solo de 14 añitos había asesinado a dos personas, y parece que al momento de su captura ya había cometido más de 10 asesinatos. ¡Por Dios!

Puede parecer un lugar común, pero después de todos los esfuerzos que ha hecho el país para cerrar las tristes y fatídicas páginas del narcotráfico y sus secuelas, después de los mil y un regaños de los ‘monos’ del norte, que creen que gritando y amenazando van a solucionar un problema que arranca por su ineptitud para controlar el ingreso de cientos de toneladas de estupefacientes a la llamada ‘nación más importante del mundo’, el país regresa a las honduras del desespero y de la tristeza al ver que no hemos sido capaces de darle a un niño, nacido en la miseria y el abandono, las herramientas para superar la pobreza y la desigualdad.

¿Qué es un Estado fallido?

Leí dos artículos para tratar de entender el término, ya que no soy experto en la temática. ‘La teoría del Estado fallido: entre aproximaciones y disensos’, escrito por John Sebastián Zapata Callejas, en la revista de Relaciones internacionales, estrategia y seguridad, de enero-junio, 2014, de la Universidad Militar Nueva Granada. Y el artículo ‘Estados débiles o conceptos fallidos. Por una definición teórica del orden estatal’, escrito por Sandra Hincapié Jiménez para la revista Espiral, estudios sobre estado y sociedad, N°61 de 2014, publicación del mundo académico de México.

Y les transcribo este trozo del primer artículo mencionado: “A pesar del debate que genera la definición del Estado fallido podría decirse que un Estado es fallido o comienza a fallar cuando las estructuras internas no son viables, y por ende, el aparato se hace disfuncional y se complejiza al momento de responder a todas las demandas de la ciudadanía; llevando a que los bienes tanto políticos como sociales, económicos y culturales, se vean deteriorados. Así, se dirá que un Estado falla cuando otros agentes le disputan el monopolio de la violencia, las condiciones de inseguridad se establecen como un común denominador, las políticas sociales se hacen ineficaces para responder a las demandas de la comunidad, el régimen político se degenera y deja de representar o servir a las personas, la economía es obsoleta y genera todo tipo de crisis, el desarrollo humano y la seguridad humana no se garantizan o son precarios, entre otros”.

Somos un Estado fallido, pese a todos los esfuerzos de los últimos gobiernos, pese a todos los logros militares que condujeron a las Farc a firmar un Acuerdo de Paz, pese a todos los indicadores que muestran avances en lo económico y lo social.
Cuando en un país persisten la inequidad y la desigualdad, como en Colombia, y hay regiones viviendo el hambre y la desnutrición infantil, no podemos hablar de un Estado exitoso.

Cuando uno ve que el Estado no ha sido capaz de copar las zonas dejadas por la guerrilla desmovilizada, como lo muestra la noticia de hace unos pocos días en El Espectador ‘Pueblo Bello, Cesar, en la mira del Epl y grupos de Autodefensas’, no puede menos que pensar que somos un Estado fallido.

Me perdonan el pesimismo, pero nos hace falta mucho para poder pertenecer al grupo delantero de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde). Tenemos muchas tareas pendientes y la más importante es atender a los niños y jóvenes, brindándoles las herramientas para salir del círculo vicioso de la pobreza y la violencia. Eso se logra, principalmente, con más educación desde la primera infancia. ¡‘Es la educación, estúpido’!

Nicola Stornelli García
Analista de tendencias digitales

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