Nicola Stornelli García
ANÁLISIS

Una libra que pesa demasiado

No hay espacio y oportunidad para una criptomoneda que, en vez de ofrecer libertad, lo que generaría es más esclavitud.

Nicola Stornelli García
POR:
Nicola Stornelli García
julio 24 de 2019
2019-07-24 07:26 p.m.
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El año pasado escribí aquí “Las criptomonedas llegaron para quedarse” (http://bit.ly/2Oeod8m) pero lo que nadie podía imaginar es que la mayor amenaza para las divisas digitales viniera del anuncio de una nueva que pretende lanzar la red social con mayores niveles de penetración en el mundo. ¿Habrá la necesidad de decir su nombre?

Pero recordemos, una vez más, qué son las criptomonedas o criptodivisas. “Las criptodivisas (Nakamoto, 2008) nacen como una opción al sistema monetario tradicional, cuya principal diferencia radica en que estas ‘monedas virtuales’ no están reguladas por un banco central, y operan bajo una plataforma que lleva al mínimo los costos de intermediación mediante un sistema conocido como P2P (peer to peer), red entre pares o red entre iguales”. (tomado del trabajo de grado Bitcoin & blockchain: ¿la criptomoneda y la tecnología que pueden transformar el mundo? de Luisa Fernanda Flórez Cano y Sandra Milena Villegas Serna para optar al título de Magíster en Administración Financiera en EAFIT).

He querido resaltar ese pedazo de la descripción porque allí radica el quid de la cuestión de si, realmente, seríamos iguales en una transacción en Facebook con una criptomoneda creada, precisamente, por ellos.

La red social de Zuckerberg, amén de ser el país más grande del mundo, es una red intrusiva que nos roba nuestra identidad y todos nuestros datos para vendérselos al mejor postor; así ellos digan que no.

Los escándalos en los que se ha visto envuelta últimamente no nos permiten dudar de su capacidad manipuladora de la conducta de sus usuarios.

Lo de Cambridge Analytica es solo la punta del iceberg de lo que Facebook puede hacer con nuestros datos. Pero he allí el problema.

¿Podemos confiarle a esa red el manejo de nuestros datos y, además, el manejo de nuestro patrimonio económico? Terminaríamos diciendo, votando y comprando lo que diga Facebook.

Ese es el panorama. Joseph Stiglitz, el afamado Premio Nobel de Economía, en el artículo “La criptomoneda de Facebook se merece un ‘no me gusta’ (http://bit.ly/2JFtzVx) dice “…Pero en unos pocos años, Facebook se ganó un nivel de desconfianza que al sector bancario le llevó mucho más tiempo conseguir”.

Una y otra vez, la dirección de Facebook, puesta a elegir entre el dinero y honrar sus promesas, se quedó con el dinero.

Y la creación de una nueva moneda es precisamente una cuestión de dinero. Solo un insensato pondría su bienestar financiero en las manos de Facebook. Pero tal vez se trate de eso: con tantos datos personales sobre unos 2.400 millones de usuarios activos al mes, ¿quién puede saber mejor que Facebook cuántos tontos nacen por minuto?
Libra no va a cumplir con el objetivo de las criptomonedas. No va a ser una divisa digital, neutral, independiente y segura.

Libra lo que pretendería ser es los billetes del Monopolio para los jugadores del famoso y tradicional juego de mesa. Y los jugadores somos los usuarios de Facebook que incautos vamos a comprar lo que ella nos diga. Qué panorama más desolador y qué escenarios más virulentos para las criptomonedas.

Pero, a la vez, todo esto ha hecho ver las bondades de las criptomonedas tradicionales. Es mejor que sigan siendo eso. Es lo que están diciendo todos los expertos y las autoridades bancarias.

En la reciente reunión del G 7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) hubo consenso en que no hay condiciones para permitir que Facebook tenga una criptomoneda, lo cual pareciera cortarle las alas al proyecto del ambicioso Mark, o Zucky como lo llaman algunos en los medios y en las redes sociales.

Y en esa misma reunión más de un ministro de hacienda ponderó los valores y las virtudes de las criptomonedas tradicionales.

En resumen, es claro que no hay espacio y oportunidad para una criptomoneda que, en vez, de ofrecer libertad lo que ofrece es más esclavitud. Ojalá hasta ahí llegué el embeleco del creador de Facebook. Y no es solamente por el futuro de las criptomonedas. Es por el futuro de la humanidad. Orwell estaría toteado de la risa viendo este panorama. Los humanos, haciendo lo que más les gusta, chismosear acerca de la vida de los demás sin que nadie se percate que lo estamos haciendo.

El dueño de la ventana que nos permite chismosear, se dio cuenta que quienes apalancan la estructura, donde está la ventana, están haciendo ventas y muy buenas y a él solo le queda es el chisme, la publicidad, y decidió que le va a cobrar a los que le venden a los que están asomados a la ventana.

Todo debería transarse con la moneda que él decidió crear. Eso es, ni más ni menos, el nuevo juguete de Mark Zuckerberg. Un mecanismo de condicionamiento económico además del social y emocional que ya es su omnipresente red.

Nicola Stornelli García
Analista de Tendencias Digitales

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